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Neruda

2000

[1971]


Las máscaras

Piedad para estos siglos y sus sobrevivientes
alegres o maltrechos, lo que no hicimos
fue por culpa de nadie, faltó acero:
lo gastamos en tanta inútil destrucción,
no importa en el balance nada de esto:
los años padecieron de pústulas y guerras,
años desfallecientes cuando tembló la esperanza
en el fondo de las botellas enemigas.
Muy bien, habláramos alguna vez, algunas veces,
con una golondrina para que nadie escuche:
tengo vergüenza, tenemos el pudor de los viudos:
se murió la verdad y se pudrió co. tantas fosas:
es mejor recordar lo que víi a suceder:
en este año nupcial no hay derrotados:
pongámonos cada uno máscaras victoriosas.


Las invenciones

¿Ves este pequeño objeto trisilábico?
Es un cilindro subalterno de la felicidad
y manejado, ahora, por organismos coherentes
desde control remoto, estoy, estad seguros,
de una eficacia tan resplandeciente
que maduran las uvas a su presión ignota
y el trigo a pleno campo se convierte en pan,
las yeguas dan a luz caballos bermellones
que galopan el aire sin previo aviso,
grandes industrias sé mueven como escolopendras
dejando ruedas y relojes en los sirios inhabitados.

Señores, adquirid mi producto terciario
sin mezcla de algodón ni de sustancias lacreas:
os concedo un botón para cambiar el mundo:
adquirid el trifásico antes de arrepentirme!


Las espigas

El sin cesar ha terminado en flores,
en largo tiempo que extiende su camino
en cinta, en la novedad del aire,
y si por fin hallamos bajo el polvo
el mecanismo del próximo futuro
simplemente reconozcamos la alegría
así como se presenta! Como una espiga más,
de tal manera que el olvido contribuya
a la claridad verdadera que sin duda no existe.


La tierra

Amarillo, amarillo sigue siendo
el perro que detrás del otoño circula
haciendo entre las hojas circunferencias de oro,
ladrando hacia los días desconocidos.

Así veréis lo imprevisto de ciertas situaciones:
junto al explorador de las terribles fronteras
que abren el infinito, he aquí el predilecto,
el animal perdido del otoño,
Qué puede cambiar de tierra a tiempo, de sabor a estribor,
de luz velocidad a circunstancia terrestre?
Quién adivinará la semilla en la sombra
si como cabelleras las mismas arboledas
dejan caer rocío sobre las mismas herraduras,
sobre las cabezas que reúne el amor,
sobre las cenizas de corazones muertos?

Este mismo planeta, la alfombra de mil años,
puede florecer pero no acepta la muerte ni el reposo:
las cíclicas cerraduras de la fertilidad
se abren en cada primavera para las llaves del sol
y resuenan los frutos haciéndose cascada,
sube y baja el fulgor de la tierra, a la boca
y el humano agradece la bondad de su reino.

Alabada sea la vieja tierra color de excremento,
sus cavidades, sus ovarios sacrosantos,
las bodegas de la sabiduría que encerraron
cobre, petróleo, imanes, ferreterías, pureza,
el relámpago que parecía bajar desde el infierno
fue atesorado por la antigua madre de las raíces
y cada día salió el pan a saludarnos
sin importarle la sangre y la muerte que vestimos los hombres,
la maldita progenie que hace la luz del mundo.


Los invitados

Y nosotros los muertos, los escalonados en el tiempo,
sembrados en cementerios utilitarios y arrogantes
o caídos en hueseras de pobres bolivianos,
nosotros, los muertos de 1925, 26,
33, 1940, 1918, mil novecientos cinco,
mil novecientos mil, en fin, nosotros,
los fallecidos antes de esta estúpida cifra
en que ya no vivimos, qué pasa con nosotros?

Yo, Pedro Páramo, Pedro Semilla, Pedro Nadie,
es que no tuve derecho a cuatro números y a la resurrección?
Yo quiero ver a los resurrectos para escupirles la cara,
a los adelantados que están a punto de caer
en aviones, ferrocarriles, en las guerras del odio,
los que apenas tuvieron tiempo de nacer y presentar
armas al nuevo siglo y quedarán tronchados,
pudriéndose en la mirad de los festejos y del vino!

Quiero salir de mi tumba, yo muerto, por qué no?
Por qué los prematuros van a ser olvidados?
Todos son invitados al convite!

Es un año más, es un siglo más, con muertos y vivos,
y hay que cuidar el protocolo, poner no solo la vida,
sino las flores secas, las coronas podridas, el silencio,
porque el silencio tiene derecho a la hermosura
y nosotros, diputados de la muerte,
queremos existir un solo mínuro florido
cuando se abran las puertas del honor venidero!


Los hombres

Yo soy Ramón González Barbagelata, de cualquier parte,
de Cucuv, de Paraná, de Río Turbio, de Oruro,
de Maracaíbo, de Parral, de Ovalle, de Loncomilla,
tanto da, soy el pobre diablo del pobre Tercer Mundo,
el pasajero de tercera instalado. ¡Jesús!

He llegado a este mentado año 2.000, y qué saco,
con qué me rasco, qué tengo yo que ver
con los tres ceros que se ostentan gloriosos
sobre mí propio cero, sobre mi inexistencia?
Ay de aquel corazón que esperó su bandera
o del hombre enramado por el amor más tierno,
hoy no queda sino mi vago esqueleto,
mis ojos desquiciados trence al tiempo inicial.

Tiempo inicial: son estos barracones perdidos,
estas pobres escuelas, éstos aun harapos,
esta inseguridad terrosa de mis pobres familias,
¿ésto es el día, el siglo inicial, la puerta de oro?

Yo, por lo menos, sin hablar de más, vamos, callado
como fui en la oficina, remendado y absorto,
proclamo lo superfino de la inauguración:
aquí llegué con todo lo que anduvo conmigo,
la mala suerte y los peores empleos,
la miseria esperando siempre de par en par,
la movilización de la gente hacinada
y la geografía numerosa del hambre.


Los otros hombres

En cambio yo, pecador pescador,
ex vanguardero ya pasado de moda,
de aquellos años muertos y remotos
hoy estoy a la entrada del milenio,
anarcopitalista furibundo,
dispuesto a dos carrillos a morder
la manzana del mundo.
Edad más floreciente ni Florencia
conoció, más florida que Florida,
más Paraíso que Valparaíso.
Yo respiro a mis anchas
en el jardín bancario de este siglo
que es por fin una gran cuenta corriente
en que por suerte soy acreedor.
Gracias a la inversión y subversión
haremos más higiénica esta edad,
ninguna guerra colonial tendrá este nombre
tan desacreditado y repetido,
la democracia pulverizadora
se hará cargo del nuevo diccionario:
es bello este zoo igual al 1000:
los tres ceros iguales nos resguardan
de tuda insurrección innecesaria.


Los materiales

El mundo se llenó de sin embargos,
de infundados temores y dolor,
pero hay que reconocer que sobre el pan salobre
o junto a tal o cual iniquidad
los vegetales, cuando no fueron quemados,
siguieron floreciendo y repartiendo
y continuaron su trabajo verde.

No hay duda que la cierra
entregó a duras penas otras cosas
de su baúl que parecía eterno:
muere el cobre, solloza el manganeso,
el petróleo es un último estertor,
el hierro se despide del carbón,
el carbón ya cerró sus cavidades.

Ahora este siglo debe asesinar
con otras máquinas de guerra, vamos
a inaugurar la muerte de otro modo,
movilizar la sanare en otras naves.


Celebración

Pongámonos los zapatos, la camisa listada,
el traje azul aunque ya brillen los codos,
pongámonos los fuegos de bengala y de artificio,
pongámonos vino y cerveza entre el cuello.y los pies,
porque debidamente debemos celebrar
este número inmenso que costó tanto tiempo,
tantos años y días en paquetes,
tantas horas, tantos millones de minutos,
vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías resguardadas
y busquemos alguna novia perdida
que acepte una festiva dentellada.
Hoy es. Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz
del interrogativo milenio. El corazón, la almendra
de la época creciente, la uva definitiva
irá depositándose en nosotros,
y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje
acrecienta el comienzo de la edad:
rama por rama se cruzará el ramaje,
hoja por hoja subirán los días
y fruto a fruto llegará la paz:
el árbol de la dicha se prepara
desde la encarnizada raíz que sobrevive
buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana
preparado por mucha oscuridad:
no sabemos si es claro todavía
este mundo recién inaugurado:
lo aclararemos, lo oscureceremos
hasta que sea dorado y quemado
como los granos duros del maíz;
a cada uno, a los recién nacidos,
a los sobrevivientes, a los ciegos,
a los mudos, a los mancos y cojos,
para que vean y para que hablen,
para que sobrevivan y recorran,
para que agarren la futura fruta
del reino actual que dejamos abierto
tanto al explorador como a la reina,
tanto al interrogante cosmonauta
como al agricultor tradicional,
a las abejas que llegan ahora
para participar en la colmena
y sobre todo a los pueblos recientes,
a los pueblos crecientes desde ahora
con las nuevas banderas que nacieron
en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui
con algún año frío que se fue,
se fue conmigo y me llevó aquel año.

De estro no cabe duda. Mi osamenta
consistió, a veces, en palabras duras
como huesos al aire y a la lluvia,
y pude celebrar lo que sucede
dejando en vez de canto o testimonio
un porfiado esqueleto de palabras.
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1 comentario

Fabián -

Qué bueno que se liberen algunas de los poemas de Neruda que no son fáciles de encontrar en Internet. No entiendo cómo este tipo de cosas pueden permanecer "encerradas"... ni siquiera en la página de la Fundación Neruda aparecen los textos completos. Qué terrible...
Me preguntaba si podrías compartir conmigo de una forma u otra la totalidad del libro "2000". Necesito leerlo con fines de investigación, y no he podido encontrarlo ni siquiera a la venta en las librerías de la región.
Saludos cordiales,
Fabián Contreras.
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