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Neruda

PROLOGO A LA ANTOLOGIA POPULAR DE PABLO NERUDA 1972

http://www.pablonerudaantologiapopular.cl

Carta de Hugo Moreno Peralta

(Para que todo chileno copie la Antología, la guarde y difunda)

 

“Aunque sea atacada y agredida, Chile, mi patria no será vencida. Con la verdad del Pueblo, la eternidad del canto” Pablo Neruda.

Berlín,18/10/2009

 

A treinta y seis años de la muerte física del poeta del amor y la esperanza, el reconocimiento universal no se ve manifestado en el país del silencio y de la indigencia cultural y educacional, donde el naciera. Su legado cultural, sus libros, sus casas no han tenido el destino que él les asigno. En el capitulo XV del Canto General, en el poema “Testamento I” nuestro Pablo dice: “yo dejo a los sindicatos/del cobre, del carbón y del salitre/ mi casa junto a la mar en Isla Negra/. Quiero que allí reposen los maltratados hijos/ de mi Patria, saqueada por hachas y traidores/, desbaratada en su sagrada sangre, / consumida en volcánicos harapos. A este testamento lírico, escrito en 1949, le siguió otro legal, en 1972, año en que Pablo regreso de Paris, Francia, donde era embajador del Gobierno Popular que presidía el compañero Presidente Dr. Salvador Allende Gossens, a su Isla Negra. Él sabía que padecía de cáncer. Éste testamento debidamente legalizado precisa que sus tres casas pasarían, después de su muerte física, a manos del Partido Comunista de Chile, en usufructo- derecho de usar una cosa ajena y aprovecharse de todos sus frutos, sin deteriorarla ni transferirla a terceros…-

 

En testamento II nuestro Pablo agrega: “dejo mis viejos libros, recogidos/ , en rincones del mundo, venerados/ en su tipografía majestuosa / a los nuevos poetas de América/ , a los que un día/ hilaran en el ronco telar interrumpido/ las significaciones de mañana…

 

Los primeros cinco mil libros que donó a la Universidad de Chile, en 1954, para ser integrados a la biblioteca y puestos a disposición de los interesados en leerlos, permanecieron, por más de quince años a su entrega en las mismas cajas en que fueron retirados de la casa del poeta. Nuestro Pablo se quejaba amargamente, preguntándose: “¿Me habré equivocado de Universidad? ¿Me habré equivocado de país? Agregando:
“Mis libros, ni mis caracolas parecen existir. Es como si hubiesen vuelto a las librerías o al océano”…

 

Yo me pregunto ¿Cuán grande debe ser la amargura del espíritu de nuestro Pablo al constatar la destrucción y enajenación de su legado cultural que le dejo al Pueblo de Chile? Pero, por esto, en el país del silencio, del peloteo y la telenovela, nadie se responsabiliza. Es lo que hay, está de dios, dios lo quiera así.

 

Muerto físicamente Pablo Neruda, su esposa Matilde Urrutia decidió crear la Fundación Pablo Neruda, asesorada por una camarilla de picapleitos y marchantes. Las tres casas –la de Isla Negra, la Chascona de Santiago, y La Sebastiana de Valparaíso-, los libros y los objetos del poeta, Premio Nobel, proscrito por su militancia en el Partido Comunista por la dictadura militar fascista la constituyeron en su inicio. Como era de esperar la Fundación Neruda en manos de tan siniestros personajes, que hasta el día de hoy preside Juan Agustín Figueroa Yavar como Presidente vitalicio, testaferro de Ricardo “mega” Claro. La administración no guarda relación alguna con lo ordenado por el poeta en su testamento el Estado de Derecho en general y el Gobierno en particular que debieron y deben velar por el legado cultural del poeta ante el peculado, el chalaneo mercantilista de los mercachifles fascistas antes citados miran para el lado.

 

El embajador mexicano Gonzalo Martínez Corbalá manifestó que su gobierno tenia un avión en Santiago para llevar al poeta enfermo en calidad de huésped distinguido a la Patria de Benito Juárez. Es sabido, que la ambulancia que llevaba a Pablo gravemente enfermo de Isla Negra a Santiago, a media noche, fue detenida en la carretera por una patrulla militar.

 

La camilla con el enfermo fue sacada del vehiculo asistencial en la búsqueda de armas por parte de los facinerosos militares. La dictadura fascista militar apuro la muerte física de nuestro Pablo, murió el 23 de septiembre de 1973 en la Clínica Santa María. En el libro, que preparó el nerudiano Raúl Dalev, en Suecia, del que forma parte este epilogo se encuentra una amplia información judicial sobre el hurto/peculado de la antología popular de Pablo Neruda, 1972, que fuera denunciado valientemente por el periodista mexicano nerudiano del Diario La Jornada de México, Mario Casasus, y por la Asociación Americana de Juristas Valparaíso Aconcagua, Chile y la Fundación Cesal eV Berlín Alemania. Ver la presentación ante el Consejo de Defensa del Estado de fecha 30 de Octubre de 2007, hecha por el Prof. Juan Guillermo Matus Valencia, Director de la AAJ Valparaíso Aconcagua.

 

Como colofón de este epilogo, yo deseo reiterar y acentuar las palabras del periodista mexicano nerudiano Mario Casasus, “el articulo del Prof.  La AAJ Valparaíso Aconcagua preciso que la educación y la cultura son Derechos Humanos. Por esto defendemos los legados culturales de Gabriela Mistral, de Vicente Huidobro, de Pablo Neruda que filisteos pinochetistas han tratado de destruir una herencia que le pertenece al Pueblo chileno.

 

Frente a los escándalos de la Fundación Neruda que afectan a la cultura chilena y en especial al legado de nuestro Premio Nobel, por parte del filisteísmo chileno que encabeza el mega fascista Ricardo Claro – consejero del dictador fascista Pinochet- y su testaferro Juan Agustín Figueroa Yavar, no descansaremos en nuestra denuncia a nivel nacional e internacional. Compartimos con el maestro libertador José Marti eso que “el callar desde hoy es imprudente”…

 

Desgraciadamente, no hay una autoridad competente en el Estado de Derecho chileno que ponga fin a tantos desaguisados que afectan a la educación y a la cultura del Pueblo chileno. La clase política pusilánime y mediocre carece de voluntad para enfrentar nuestras denuncias, llegando a la traición y al abandono de compromisos y valores históricos culturales y educacionales tan importantes para cualquier pueblo.

 

La cura de nuestros problemas pasa por formar/educar a personas cuerdas y para esto es preciso educarlas cuerdamente. Hoy en día, los hechos que estamos denunciando de largas datas todos tienden al desastre social. La religión alienta la estupidez y la enajenación. Nuestra época es tan penosa que la desesperación se ha adueñado de la mayoría de los jóvenes, quienes buscan respuestas en las drogas y otros vicios. Pero no hay fundamento racional, para la desesperación, los medios de llegar a la felicidad de la persona existen y sólo es necesario que la mayoría luche por ellos y prefiera utilizarlos rechazando toda la forma de estereotipo del sistema consumista que la enajena. Poetas creadores como nuestro Pablo nos señalaron el camino a seguir. Él vive en sus poemas, en los más rebeldes y latinoamericanos, los que denuncian las lacras de nuestro continente, cantan a sus héroes populares, a los pueblos indígenas y su cultura y proclaman el Derecho a la Dignidad del Ser Humano y al respeto de sus Derechos y en especial a la justicia social...

 

Esperamos recuperar el Chile de Lautaro, de Ohiggins del jurista Manuel Rodríguez Erdoiza, de Gabriela Mistral, de Vicente Huidobro, de Pablo Neruda, del Compañero Presidente Dr. Salvador Allende Gossens y terminar con una pesadilla que dura más de treinta seis años. Somos seguros que no hay mal que dure cien años ni Pueblo que lo resista…

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TRAS LAS HUELLAS DEL POETA

 


Encuentro Internacional de Poesía: OCTUBRE 'Tras las Huellas del Poeta' del 14 al 24 Octubre-2010 
 

CHILE: Como ya es una tradición, el Movimiento Poetas del Mundo organiza su 6º Encuentro Internacional de Poesía en Chile denominado “OCTUBRE: Tras las Huellas del Poeta”. El evento se dividirá en dos etapas, las que se desarrollarán en las siguientes ciudades:

Para la primera etapa [del 14 al 19 de octubre]: Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Isla Negra, Cartagena, Melipilla y Rancagua.

Para la segunda etapa [del 19 al 24 de octubre]: Los Vilos, Illapel, Salamanca, Coquimbo, La Serena, Vicuña y Montegrande.

VER Vidéo del 4º Encuentro 2008

VER Vidéo del 5º Encuentro 2009

Encuentro Internacional de Poesía: OCTUBRE 'Tras las Huellas del Poeta' del 14 al 24 Octubre-2010
[11 días de turismo y poesía]


P R O G R A M A :

PRIMERA ETAPA
[Del 14 al 19 de octubre 2010]

Valparaiso

Jueves 14 de Octubre [1º día]

9:00 a 16:00
Llegada y acreditación delegaciones. Instalación en Hotel Londres 35. Barrio París-Londres.

17:00 – 19:00
Visita a la Casa - Museo “La Chascona”. Casa en Santiago que perteneció a Pablo Neruda. Lecturas en el anfiteatro que se encuentra en el frontis de la casa.

20:00
Recepción y Cena de bienvenida turístico en una de las Embajadas de los poetas participantes.

Viernes 15 de Octubre [2º día]

8:30
Salida con destino a Rancagua [85 Km. al Sur de Santiago]

10:00
Llegada a Rancagua. Romería al cementerio y acto en homenaje al poeta Oscar Castro [1910 – 1947].

10:30
Acto público en la Fundación Oscar Castro, encuentro con Isolda Pradel y poetas locales, entrega de libros en donación a la biblioteca de la fundación. Saludos de autoridades. Lectura de poemas. Aperitivo.

13:30 – 15.00
Almuerzo.

15:00 – 19:00
Diversas actividades públicas en la ciudad de Rancagua, como conciertos, recitales, lanzamiento de poemas vía aérea, juegos, concursos, etc. A cargo de instituciones culturales locales.

20:00
Cena

22:00
Regreso a Santiago llegando al Hotel Londres 35 a las 23:30 aproximadamente.

Sábado 16 de Octubre [3º día]

09:00
Salida a Valparaíso

10:30 – 11:30
Visita a casa-museo La Sebastiana de Pablo Neruda.

11:30 – 13:00
Lectura de poesía en la Plaza de los Poetas de Valparaíso.

13:30 – 15:00
Almuerzo en Valparaíso.

15:00 – 16:00
Visita a Valparaíso.

17:00 - 19:00
Visita al Palacio Carrasco, recepción ofrecida por los escritores de Viña del Mar. Lectura de poesía.

19:00
Cóctel en Viña del Mar con escritores, poetas y autoridades locales.

20:00
Regreso a Santiago llegando al hotel Londres 35 a las 22:00 aproximadamente.

Domingo 17 de Octubre [4º día]

09:00
Salida del Hotel en Santiago con destino a Isla Negra.

11:00
Llegada a Isla Negra, visita de la casa museo del poeta Pablo Neruda, Premio Nóbel de Literatura 1971.

12:00 - 13:00
Lectura de poesía frente a la casa museo de Pablo Neruda en la Casa del Arte de Isla Negra que dirige el poeta Alfred Asis.

14:00 - 15:00
Almuerzo en Cartagena.

15:00 – 16:00
Tiempo libre para caminar por la playa.

16:15 -17:00
Lectura de poemas ante la tumba de Vicente Huidobro.

18:00 - 22:00
Evento poético - cultural en homenaje al sexto aniversario de la muerte del poeta Víctor Marín Calquín, en el Espacio Social- Cultural 'Los Guajiros', en la ciudad de Melipilla.

22:30
Regreso a Santiago, llegando al hotel a las 23:30 aproximadamente.

Lunes 18 de Octubre [5º día]

10:00 – 13:00
Ponencias, presentación de libros, lecturas de poesía, performances en la Biblioteca Nacional de Chile.

13:30 Almuerzo.

15:00 – 17:00 Visita al Palacio Presidencial La Moneda y lectura de poemas en salones y el sitio donde murió el presidente Salvador Allende.

20:00
Cena de despedida en hotel Londres y entrega de diplomas.
Noche en hotel.

*
****
*******

Costo de participación para la Primera Etapa:
500 dls. americanos para los miembros del movimiento Poetas del Mundo.
600 dls. americanos para quienes no son miembros de nuestro movimiento.

Incluye: Todas las noches de hotel tres estrellas en habitación compartida con baño privado [5 noches en total: 15, 16, 17, 18 y 19 de octubre], todas las comidas, el transporte durante el periplo, diplomas, visitas, credencial, invitaciones.

El poeta pagará 100 dls. Por concepto de inscripción, valor que se le descuenta del valor total en el momento de realizar su pago a la llegada a Santiago. Este valor no es reembolsable en caso que el poeta no se presente al evento.

Cómo Pagar los 100 dls. por concepto de inscripción y reservaciones:

Con Tarjeta de Crédito:
http://www.apostrophes.cl/sdetalle.asp?iPro=535&iType=146

En Chile:
Giro Bancario a:
Apostrophes S.A.
Banco: BBVA
Nº Cuenta: 0504-0074-0100026558
Santiago - Chile.

Por correo postal o por Western Union a:
Luis Arias Manzo
Santa Rosa 276-E
Santiago
Chile.

P R O G R A M A :

SEGUNDA ETAPA [Del 19 al 24 de octubre 2010]


Valle Elqui

Martes 19 de octubre [Continuación 6º día]

09:00
Salida hacia el norte a la ciudad de Los Villos [230 Km. al norte de Santiago]

12:00
Llegada a Los Villos, instalación hotel.

15:00 - 17:00 Visita a colegios de Los Vilos

20:00
Cena y Acto de bienvenida con las autoridades locales, presentación de los poetas visitantes y lectura de poemas.

Miércoles 20 de octubre [7º día]

08:30 – Salida a Illapel

10:00 : Encuentro con estudiantes de Illapel

13:30 : Almuerzo campestre en Reserva de Las Chinchilla [Aucó]

18:30 : Encuentro con escritores y poetas locales Casa de la Cultura

20:00 : Cena

21:30 : Regreso a Los Vilos

Jueves 21 de octubre [8º día]

08:00 : Salida Mina Los Pelambres.
13:30 : Almuerzo.

14:30 : Traslado a Salamanca

17:00 : Recibimiento alcalde de Salamanca Don Gerardo Rojas Escudero.

18:00 : Encuentro y Declamación Poética con literatos de Salamanca.

19:30 : Cena en Salamanca

20:30 : Regreso a Los Vilos.

Viernes 22 de octubre [9º día]

08:30 : Salida a la ciudad de Coquimbo.

12:30 : Recibimiento autoridades en Municipio.

13:00 : Almuerzo en Mercado Puerto de Coquimbo con Autoridades.

15:00 - 16:00 : Recorrido por Coquimbo.

16:15 - 17:00 : Encuentro con estudiantes, escritores y poetas locales Casa de la Cultura.

18:00 : Acto cultural en Centro Mohamed VI para el Dialogo de las Civilizaciones. Cóctel.

20:30 : Salida a la ciudad de Vicuña.

Sábado 23 de octubre [10º día]

Mañana Libre

11:00 : RecibimVisita Museo Gabriela Mistral

13:00 : Almuerzo.

14:00 : Salida al pueblito de Montegrande: declamaciones, visita escuela y Mausoleo de gabriela Mistral.

Domingo de octubre 24 [11º día]

09:00 : Regreso a Santiago

12:30 Almuerzo en Los Vilos

Noche : Cena de despedida en hotel.

FIN

*
****
*******

Costo de participación para la Segunda Etapa:
500 dls. americanos para los miembros del movimiento Poetas del Mundo.
600 dls. americanos para quienes no son miembros de nuestro movimiento.

Incluye: Todas las noches de hotel tres estrellas en habitación compartida con baño privado [5 noches en total: 20, 21, 22, 23 y 24 de octubre], todas las comidas, el transporte durante el periplo, diplomas, visitas, credencial, invitaciones.

El poeta pagará 100 dls. Por concepto de inscripción, valor que se le descuenta del valor total en el momento de realizar su pago a la llegada a Santiago. Este valor no es reembolsable en caso que el poeta no se presente al evento.

Cómo Pagar los 100 dls. por concepto de inscripción y reservaciones de la 2ª Etapa:

Con Tarjeta de Crédito:
http://www.apostrophes.cl/sdetalle.asp?iPro=533&iType=146

En Chile:
Giro Bancario a:
Apostrophes S.A.
Banco: BBVA
Nº Cuenta: 0504-0074-0100026558
Santiago - Chile.

Por correo postal o por Western Union a:
Luis Arias Manzo
Santa Rosa 276-E
Santiago
Chile.

*****+++++*****
+++++*****+++++

CONTACTOS:

Luis Arias Manzo [Secretario General de Poetas del Mundo]
info@poetasdelmundo.com

Teléfono fijo:
56-2-633 4749
Celular:
56-98-2345 708

FICHE D’INSCRIPTION [Formulario de Inscripción]
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Vous vous participez dans la première étape? Usted participa en la Primera etapa?

Vous vous participez dans la deuxième étape? Usted participa en la Segunda etapa?

Costo de participación para las DOS Etapas:
Si participa en las dos etapas tiene un descuento del 5%

950 dls. americanos para los miembros del movimiento Poetas del Mundo.
1140 dls. americanos para quienes no son miembros de nuestro movimiento.

Incluye: Todas las noches de hotel tres estrellas en habitación compartida con baño privado [10 noches en total: 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23 y 24 de octubre], todas las comidas, el transporte durante el periplo, diplomas, visitas, credencial, invitaciones.

El poeta pagará 200 dls. Por concepto de inscripción, valor que se le descuenta del valor total en el momento de realizar su pago a la llegada a Santiago. Este valor no es reembolsable en caso que el poeta no se presente al evento.

Cómo Pagar los 200 dls. por concepto de inscripción y reservaciones de la 1ª y 2ª Etapa:

Con Tarjeta de Crédito:
http://www.apostrophes.cl/sdetalle.asp?iPro=536&iType=146

En Chile:
Giro Bancario a:
Apostrophes S.A.
Banco: BBVA
Nº Cuenta: 0504-0074-0100026558
Santiago - Chile.

Por correo postal o por Western Union a:
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Santa Rosa 276-E
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CHILE: Compañeros de la palabra y del verbo artesanado, fraguado y forjado por el dolor, el sufrimiento, el placer y la felicidad, por la conciencia y el amor por la existencia humana, y por supu...
 


Publicación: 14-01-2010

Fliporto 2008 e Poetas del MUndo
http://www.youtube.com/watch?v=dSYOmXqyJ00
 Luis Arias Manzo presenta el Movimiento Poetas del Mundo en:
Fliporto 2008 e Poetas del MUndo
 
 
Cómo y Por qué Ayudar Economicamente a Poetas del Mundo
 
Poeta del Mundo,
Participar en nuestro movimiento no tiene costo alguno, eso lo saben todos los poetas del mundo. Siempre hemos mantenido el espíritu de “participación voluntaria” y así ha de seguir siendo, pero muchos se preguntarán de qué se financia el Movimiento Poetas del Mundo. Esta legítima pregunta amerita una respuesta, y quien mejor que su fundador y secretario general aclare este punto.

No estamos ligados a ningún gobierno o institución política, ni religiosa, ni de ningún tipo. En lo económico, somos totalmente independientes, no recibimos ayuda financiera de ninguna institución, ni pública ni privada. Para funcionar nos autofinanciamos gracias al apoyo de algunos poetas que lo hacen de manera voluntaria [y son realmente pocos] y de mis propios esfuerzos, que también son muy limitados. Vivo de una pequeña pensión que el Estado chileno me da en reparación a una injusticia que se cometió conmigo en tiempos de la dictadura militar, y del alquiler a estudiantes de algunas habitaciones de la casa que arriendo en el centro de Santiago [Chile].
 
El movimiento ha crecido mucho más de lo que algún día soñé y ya no puedo empujar este carro solo, o casi solo… Precisamos que los poetas QUE SI PUEDEN, nos ayuden con un aporte económico, y por muy modesta que sea esa ayuda, nosotros siempre la vamos a saber agradecer. Este llamado es para lo inmediato, para más adelante tendremos las herramientas para que el autofinanciamiento se regule y se controle como debe ser, en eso ya estamos trabajando con algunos poetas entendidos en esta materia.
 
A los poetas del mundo que crean que es preciso entregar esta ayuda económica, les presento aquí las formas en que pueden hacerlo:

a] Por Paypal
[con tarjeta de crédito: VISA, MASTERCARD, AMERICAN EXPRESS, ETC…]
A través de:
http://www.apostrophes.cl/stipos.asp?iType=146
 
[O si tienes una cuenta paypal, directamente a la cuenta paypal de: ariasmanzo@apostrophes.cl]


b] Giro Bancario a mi cuenta en Chile:
Apostrophes S.A.
Banco: BBVA
Nº Cuenta: 0504-0074-0100026558
Santiago - Chile.

c] Por Western Union
a nombre de Luis Arias Manzo.
Santiago – Chile
[en este caso dar aviso del envío señalando código del envío, nombre y país de quien hace el envío]
E-MAIL: info@poetasdelmundo.com

d] Por Giro Postal a:
Luis Arias Manzo
Santa Rosa 276-E
Santiago
Chile.

¡Recibe un saludo fraternal y mi eterno agradecimento!
 

Luis Arias Manzo, Fundador y Secretario General del Movimiento Poetas del Mundo.
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=377
 
Fundador - Secretario General
Movimiento Poetas del Mundo

Tel: [56-2] 633 4749
Cel: [56-9] 8234 5708
 
 

Pourquoi Faut-il Aider Économiquement le Mouvement Poètes du Monde?

 

Poète du Monde,

La participation dans notre mouvement est totalement gratuite, ceci est connu par tous les poètes du monde. Nous avons toujours maintenu l’esprit de “participation volontaire”, et c’est ainsi que cela doit continuer mais beaucoup doivent se demander comment se finance le mouvement Poètes du Monde. Cette question légitime mérite une réponse sérieuse, et c’est moi-même, en tant que fondateur et Secrétaire Générale, qui doit donner cette réponse.

Nous ne sommes lié à aucun gouvernement ni institution politique, ni religieuse ni d’aucun type. Dans l’aspect  économique nous sommes totalement indépendants, nous ne recevons d’aide financière d’aucune institution, ni publique ni privée. Le fonctionnement de notre mouvement est autofinancé grâce au soutien volontaire de quelques poètes (ils sont vraiment très pas nombreux) et de mes propres moyens qui sont très limités. Je vis d’une petite pension que l’Etat chilien me donne comme indemnisation à une injustice commise contre moi pendant la dictature militaire, et du loyer des quelques chambres à des étudiants dans la maison qu’à son tour je loue au centre de Santiago (Chili).

Le mouvement a grandi bien plus que ce qu’un jour j’ai rêvé, et je ne peux plus continuer à mener ce mouvement tout seul, ou presque… Nous avons besoin que les poètes QUI PEUVENT, nous aident avec une aide économique, que même très modeste, elle sera très appréciée et nous saurons la remercier.

Cet appel est pour maintenant, car plus tard nous aurons les outils pour réguler l’autofinancement et soit contrôlé comme doit être, en cela nous travaillons d’ores et déjà.

 

Comment aider le Mouvement Poètes du Monde :

 

Aux poètes du monde qui croient qu’il faut donner cette aide demandée, je vous présente ci-dessous plusieurs manières de procéder :

 

a] Par Paypal
[Avec carte de crédit: VISA, MASTERCARD, AMERICAN EXPRESS, ETC…]
A través de:
http://www.apostrophes.cl/stipos.asp?iType=146

 

[Ou à partir d’un compte paypal, directement au compte paypal de: ariasmanzo@apostrophes.cl]



b] Par Virement sur mon compte bancaire au Chili:
Apostrophes S.A.
Banco: BBVA
Nº Cuenta: 0504-0074-0100026558
Santiago - Chile.

c] Par Western Union
a nombre de Luis Arias Manzo.
Santiago – Chile
[en este caso dar aviso del envío señalando código del envío, nombre y país de quien hace el envío]
E-MAIL: info@poetasdelmundo.com

d] Par Virement Postale a:
Luis Arias Manzo
Santa Rosa 276-E
Santiago
Chile.

¡Mes salutations fraternelles et mon éternel remerciment!

 

 


Luis Arias Manzo
, Fondateur et Secrétaire Général du Mouvement Poètes du Monde.

http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=377

Fundador - Secretario General
Movimiento Poetas del Mundo


Téléphone: [56-2] 633 4749
Portable: [56-9] 8234 5708

 

LA ESPADA ENCENDIDA

 
La espada encendida
[1969 - 1970]



EL POETA COMIENZA A CANTAR

Lo cierto es que en la cordillera necesaria,
bajo el volcán de siete lenguas, allí
donde por todas panes la voz vertiginosa
del agua, hija nevada, descendió,
nada puede nacer sino los días en el bosque,
temblorosos de viento y de rocío.

La voluntad de los motores se consumía lejos:
el humo de los trenes iba hacia las ciudades
y yo, el empecinado, minero del silencio,
hallé la zona sombra, el día cero,
donde el tiempo parecía volver
como un viejo elefante, o detenerse,
para morir tal vez, para seguir tal vez,
pero entre noche y noche se preparaba el siguiente,
el día sucesivo como una gota.

Y aquí comienza esta sonata negra.



RHODO Y ROSÍA

Rhodo, pétreo patriarca, la vio sin verla, era
Rosía, hija casorea, labradora.

Ancha de pechos, breve de boca y ojos,
salía a buscar agua y era un cántaro,
salía a lavar ropa y era pura,
cruzaba por la nieve y era nieve,
era estática como el ventisquero,
invisible y fragante era Rosía Raíz.

Rhodo la destinó, sin saberlo, al silencio.

Era el cerco glacial de la naturaleza:
de Aysén al Sur la Patagonia infligió
las desoladas cláusulas del invierno terrestre.

La cabeza de Rhodo vivía en la bruma,
de cicatriz en cicatriz volcánica,
sin casar a caballo, persiguiendo
el olor, la distancia, la paz de las praderas.



APARICIÓN

Y fue allí donde ella se apareció desnuda
entre nieves y llamas, entre guerra y rocío,
como si bajo el techo del huracán se encendiera
un vuelo de palomas perdidas en el frío
y una de ellas cayera contra el pecho de Rhodo
y allí hubiera estallado su blancura-



DESDE LAS GUERRAS

Rhodo el guerrero había transmigrado
desde los arenales del Gran Desierto:
la edad de las lanzas verdes vivió, el trueno
de las caballerías, la dirección del rayo.

La sangre fue bandera del terrible.

La muerte lo enlutó de manera espaciosa
como a tierra nocturna,
hasta que decidió dedicarse al silencio,
a la profundidad desconocida,
y buscó tierra para un nuevo reino,
aguas azules para lavar la sangre.

(En el extremo de Chile se rompe el planeta:
el mar y el fuego, la ciencia de las olas,
los golpes del volcán, el martillo del viento,
la racha dura con su filo furioso,
cortaron tierras y aguas, las separaron: crecieron
islas de fósforo, estrellas verdes, canales invitados,
selvas como racimos, roncos desfiladeros:
en aquel mundo de fragancia fría
Rhodo fundó su reino.)



LAS ESTATUAS

Sus setenta mujeres se habían convertido en sal,
y por los monasterios, de la naturaleza,
fuego y rencor, Rhodo contempló las estatuas
diseminadas en la noche forestal.

Allí estaba la que parió sus hijos errantes:
Niobe, la roja, ya sin voz y sin ojos
erigida en su olvido de alabastro.

Y allí también prisionera, Rama, la delicada,
y Beatriz de tan interminable cabellera
que cuando se peinaba llovía en Rayaruca:
caía de su cabeza lluvia verde,
hebras oscuras descendían del cielo.
Y Rama, la que robaba frutas,
trepada a la incitante tormenta como a un árbol
poblado de manzanas y relámpagos.

Y Abigail, Teresara, Dafna, Leona,
Duiceluz, Lucía, Blancaflor, Loreto,
Cascabela, Cristina, Delgadina,
Encarnación, Remedios, Catalina, Granada,
Petronila, Doralisa, Dorada, Dorotea,
allí bajo las bóvedas de cuarzo, yacían
mudas, ferruginosas, quemadas por la nieve
o elevaban piernas y pechos cubiertos de musgo,
roídas por las raíces de árboles imperiosos.



EL SOLITARIO

Rhodo, en la soledad, entre las muertas,
cubría su corazón con lianas indomables:
no quería nada de aquel esplendor:
no tenía la culpa de aquellas estatuas rotas:
ellas acompañaron su pasado
y sus formas nacieron
como peñones de ágata o como cuerpos
de cascada en la selva: la insistencia
que con un rayo inmóvil destruye como el mar.

Pero él llegó a Araucaria con un mandato:
la salud de la selva; la virginal vigencia
del primer hombre y su primer deber
fue sólo una infinita soledad.



LA TIERRA

Por sobre los follajes de Traihuán
vuela la lentitud de los flamencos
hacia las aguas de Pichivar y Longoleo.

La bandurria salpica con canto de cuchara
la dulzura fluvial de estas oceanías,
el ave carpintera reparte en los raulíes
una correspondencia con gotas de rocío,
el puma abre los ojos y desarrolla el miedo:
todo vive en la selva fría que se parece a la muerte:
dentro de cada sombra crece un vuelo,
las garras viven entre las raíces.



EL AMOR

Rosía desnuda en la agricultura enmarañada,
Rosía blanca y azul, fina de pétalos,
dara de muslos, sombría de cabellos,
se abrió para que entrara Rhodo en ella
y un estertor un trueno
manifestó la tierra:
el río torrencial saludaba a la luna:
dos estirpes contrarias se habían confundido.

Y de pronto el gigante de la gran cordillera
y la fragancia hija de la nieve
se sintieron desnudos y se destinaron:
eran de nuevo dos inocentes perdidos,
mordidos por la serpiente de fuego,
otra vez solos en el ¡ardín original.

La escarcha del nuevo día se complicó en la hierba,
la nupcial platería que congeló el rocío
cubrió el inmenso lecho de Rosía terrestre,
y ella entreabrió entre sueños otra vez su delicia.
para que Rhodo penetrara en ella.

Así fue procreado en la luz fría
un nuevo mundo interno
como un panal salvaje
y otra vez el origen del hombre remontó
todo el secreto río de las edades muertas
a regar y cantar y temblar y fundar
bajo la poderosa sombra blanca
de los volcanes y sus piedras magnéticas.



EL HALLAZGO

El fundador detuvo el paso: Rosía Verde
parecía un pedazo desprendido a la luna:
un cuerpo horizontal caído de la noche:
un silencio desnudo entre las hojas.

Amó de nuevo Rhodo con tormento,
con furia sigilosa, con dolor:
cada sombra en sus ojos le parecía un desdén,
y la inmovilidad de su novia campestre
hizo dudar a Rhodo de la dicha:
a quién reservó la suave su suavidad de musgo?
para quién destinó sus anteriores manos?
en qué estaba pensando con los ojos cerrados?
Pedía posesión de su cuerpo y su miel,
de su cada minuto y cada pelo,
posesión de su sueño y de sus párpados,
de su sexo hasta el fondo, de sus pies labradores,
de su pasado entero, de su día siguiente,
de sus sutiles huellas en la nieve
y mientras más la tuvo, devorándola
en el abrazo cuerpo a cuerpo que los aniquilaba,
él parecía consumirla menos,
como si la galana de los bosques, la huérfana,
la muchacha casual con aroma de leña
hubiera abierto una herida como un pozo sus pies
y por allí cayera el trueno que él trajo al mundo.

Rhodo reconoció su derrota besando
en la boca de Rosía su propio amor salvaje
y ella se estremeció como si la quemara
un rayo de oro que encendió su sexo
y paseó el incendio sobre su alma.



LAS FIERAS

Se deseaban, se lograban, se destruían,
se ardían, se rompían, se caían de bruces
el uno dentro del otro, en una lucha a muerte,
se enmarañaban, se perseguían, se odiaban,
se buscaban, se destrozaban de amor,
volvían a temerse y a maldecirse y a amarse,
se negaban cerrando los ojos. Y los puños
de Rosía golpeaban el muro de la noche,
sin dormir, mientras Rhodo desde su almena cruel
vigilaba el peligro de las fieras despiertas
sabiendo que él llevaba el puma en su sangre,
y aullaba un león agónico en la noche sin sueño
de Rhodo, y la mañana le traía
a su novia desnuda, cubierta de rocío,
fresca de nieve como una paloma,
incierta aún entre el amor y el odio,
y allí los dos inciertos resplandecían de nuevo
mordiéndose y besándose y arrastrándose al lecho
en donde se quedaba desmayada la furia.



EL HOMBRE

Ciento treinta años tenía Rhodo, el viejo.
Rosía sin edad era una piedrecita
que el mismo viento de Nahuelbuta amarga
hubiera suavizado como una intacta almendra:
bella y serena era como una piedra blanca
en los brazos de Rhodo, el milenario.



EL CONOCIMIENTO

Varona, dijo el señor silvestre,
por qué sabemos que estamos desnudos?
Todos los frutos nos pertenecían
y los siete volcanes iracundos supieron
que sin tus ojos yo no podía vivir,
que sin tu cuerpo entraba en la agonía
y sin tu ser me sentía perdido.

Ahora la ciudadela sin murallas,
las cascadas de sal, la luna en los cipreses,
la selva de rabiosas raíces, el silencio,
los muermos estrellados, la soledad vacía,
acuática, volcánica, la que busqué a pesar
y en contra de mí mismo, el reino amargo,
tempestuoso, fundado a sol y a lluvia,
con las estatuas muertas del pasado
y el rumor de la primavera en las abejas del ulmo,
la espesura que el canto del chucao taladra
como risa o sollozo o exhalación o fuga
y los nevados de Ralún, donde comienza
el terrible archipiélago con sus campanas de frío,
Varona mía, Evarosa, Rosaflor,
se despiden de mí, porque sabemos.

Es la selva del árbol de la vida. El racimo
de cada planta, el peso de la fruta salvaje,
nos nutrió de repente, y estuvimos desnudos
hasta morir de amor y de dolor.



LA CULPA

El sufrimiento fue como una sangre negra
que por las venas subió sin descanso
cuando el goce bajaba del árbol de vida:
allí estaban los dos hijos terribles del amor desdichado
en una selva
que de pronto se unió, piedra y enredaderas,
para ahogarlos sin ruido de agua entre las hojas,
para darles tormento en cada beso,
para empujarlos hacia la salida glacial.
Comenzaron por huirse y llamarse,
por agredirse en pie y amarse de rodillas,
morder cada rincón de los cuerpos amados,
herirse sin tregua hasta morir cada día
sin comprender, rodeados por los bosques hostiles
que compartieron algo y no sobrevivieron,
algo probaron que les quemó la sangre
y la naturaleza, nieve y noche,
los persiguió de nieve en nieve y noche en noche,
de volcán en volcán, de río a río,
para darles la vida o aniquilarlos juntos.



EL POETA INTERROGA

Ahora, el que cuenta esta historia te pregunta, viajero,
si Dios no visitó sus patagonias,
si allí, en el último Edén, el de los dolores,
nadie apareció sentado en el cielo,
quién o qué cosa, trueno o árbol o falso dios,
dictó de nuevo el castigo para los amorosos?



SOBREVIVIBNTES

Qué había pasado en la tierra?
Es este último hombre o primer hombre?
En tierras desdichadas o felices?
Por qué fundar la humanidad de nuevo?
Por qué saltaba el sol de rama en rama
hasta cantar con garganta de pájaro?
Qué debo hacer, decía el viento,
y por qué debo convertirme en oro,
decía el trigo, no vale la pena
llegar al pan sin manos y sin bocas:
el vacío terrestre
está esperando fuera
o dentro del hombre:
todas las guerras nos mataron a todos,
nunca quedó sobreviviente alguno.

De la primera guerra
a piedra y luego
a cuchillo y a fuego
no quedó vivo nadie:
la muerte quiso repetir su alimento
e inventó nuevos hombres mentirosos
y éstos ahora con su maquinaria
volvieron a morirse y a morirnos.

Caín y Abel cayeron muchas veces
(asesinados un millón de veces)
(un millón de quijadas
y quebrantos)
murieron a revólver y a puñal,
a veneno y a bomba,
fueron envueltos en el mismo crimen
y derramaron toda su sangre cada vez.

Ninguno de ellos podía vivir
porque el asesinado era culpable
de que su hermano fuera el asesino
y el asesino estaba muerto:
aquel primer guerrero
murió también cuando mató a su hermano.



LA SOLEDAD

Rhodo al dejar atrás lo que se llama el pasado
dejó de ser el cómplice del crimen, de un crimen,
de lo que había sido y no sido, de los demás, de todos,
y cuando se vio manchado por sangre
remota o anterior o presente o futura
rompió el tiempo y llegó a su destino,
volvió a ser primer hombre sin alma ensangrentada,
no huyó: era más simple que eso:
estaba otra vez solo el primer hombre
porque esta vez no lo quería nadie:
lo rechazaron las calles oscuras,
los palacios desiertos,
ya no podía entrar en las ciudades
porque se había ido todo el mundo.

Ya nadie, nadie lo necesitaba.

Y no sabía bien si era harina o ceniza
lo que quedaba en las panaderías,
si peces o serpientes
en el mercado después del incendio,
y si los esqueletos olvidados en las zanjas
eran sólo carbón o soldados que ardieron.
El redivivo se comió territorios,
primaveras heridas, provincias calcinadas:
no tuvo miedo, había
salido de sí mismo:
era una criatura
recién creada por la muerte,
era el sonido de una campana rota
que azota el aire como el fuego,
estaba condenado a vivir
fuera del aire oscuro:
y como este hombre no tenía cielo
buscó la enmarañada rosa verde
del territorio secreto:
nadie allí había matado una paloma,
ni una abeja, ni un nardo,
los zorros color de humo bebían con los pájaros
bajo la magnitud virgen del avellano:
el albatros reinaba sobre las aguas duras,
el ave carpintera trabajaba en el frío
y una gran lengua clara que lamía el planeta
bajaba del volcán hacia los ventisqueros.



EL REINO DESOLADO

Ved el recinto huraño
de Rhodo, el fundador,
la acción, el desvarío
entre follaje y bestias,
el paraíso de agua y soledad
y las estatuas del amor pasado
abandonadas hasta por sus sueños:
hasta que el hombre solo necesitó mujer
y como sombra agazapó su ciencia
de cazador maldito y olvidado.
Ya no podía nacer de su cuerpo
porque en su cielo no mandaba nadie.
Él era su propio cielo verde.
El rey de la espesura
se convirtió en mendigo.
Buscó el amor a tientas en el bosque.

Así pasaron las cosas.



ALGUIEN

Se movía, era un hombre,
el primer hombre.
Se hizo los ojos para defenderse.
Se hizo las manos para defenderse.
Se hizo el cráneo para defenderse.
Luego se hizo las tripas
para conservarse.

Tembló de miedo, solo
entre el sol y la sombra,

Algo cayó como una fruta muerta,
algo corrió en la luz como un reptil.
Le nacieron los pies para escapar,
pero crecieron nuevas amenazas.

Y tuvo tanto miedo que encontró a una mujer
parecida a un erizo, a una castaña.
Era un ser comestible
pero aquel hombre la necesitaba
porque eran los dos únicos,
eran los renacidos de la tierra
y tenían que amarse o destruirse.



ROSÍA LIBERADA

Cuando se desplomó la ciudad de oro
ignorada en la selva, los Césares murieron
bajo el peso metálico de sus propios castillos.

El terremoto destrozó el orgullo,
volvió la selva a devorar
con lianas y raíces el esplendor amarillo,
y como el mar levanta la amargura en la ola
así la tierra alzó su paroxismo
recobrando de nuevo espacio puro.

Allí quedó vacía como un anillo de oro
que cae y rueda desde un dedo muerto
la secreta ciudad que los conquistadores
no alcanzaron: derrotó la codicia
pero cayó tragada por la tierra.

De los escombros áureos salió una luz dorada,
sola sobreviviente, Rosía montesina,
hija imperial de los dinastas muertos,
entendida en los frutos de la selva,
de manos transparentes y de pezones de oro.

Huyó de la ciudad aniquilada,
atravesó las aguas bruscas, quebrantó
la espesa hostilidad de las espinas:
árboles que dormían, peñascos como dientes,
animales hirsutos, fuego blanco de lava,
y anduvo hasta volver a la pureza,
al animal perdido entre las hojas.



DOS

Los resurrectos, el antiguo varón
y la joven varona centelleante
fueron dos enemigos en la selva,
eran los dos dragones que se acosaban,
en la noche los cuatro ojos fosforescentes
que se temían, y el rencor y el amor
los devoraban sin dejarlos dormir.
Se llamaban a través de millones de hojas,
a través del silencio general de los bosques.
Se llamaban como se llaman las raíces
creciendo en la oscuridad uno hacia otro.

Todo estaba ferviente de espinas que surgían.
El mundo era una copa de terror
y los pies que avanzaban hacia los otros pies
o la boca que abría la noche con un beso
hallaban la dureza compacta de la sombra
y los amantes iban extraviados
sin conocer que se pertenecían:
sin probarse o morderse ni quemarse en
el éxtasis.

Oh pobres dos, oh varón y varona
destinados a ser uno solo, otra vez,
y sin saberlo, bajo la arboleda
y no saberlo, con la Cruz del Sur
recién lavada sobre sus cabezas,
y no saberse hiriéndose en la zarza
del amor enemigo que los encendería.



invierno en el sur

Aquel invierno de color de hierro
cayó sin tregua sobre el sol antártico
apagando hasta el último latido de la luz:
piedra y follaje se vistieron de nieve,
bestias hurañas taladraban
la oscuriddad con golpes subterráneos
y caía la lluvia de alas negras
sobre el techo de Rhodo y de Rosía.

Los ríos se vistieron de vestigios, maderas,
raíces calcinadas, caballos derramados,
nidos de inmensos pájaros que transportaba el río
como si los llevara a otro planeta.

La tempestad no tenía medallas:
era un cielo sin fin y sin relámpagos,
no transcurría, parecía un muro
sosegado en la furia, desplegado
como el metal de un abanico atroz
sobre un tambor golpeado por el viento.

El Edén recobrado se estremecía de llanto,
se adelgazaba como delirio de violín,
amenazaba como los dientes de la selva,
con los ojos salvajes del agua regional,
y los dos destinados a repoblar el reino
se abrazaron, inmóviles bajo el terror del mundo.



EL AMOR

Nadie conoce como los dos solos,
los destinados, los penúltimos, los que se hallaron
sin otro parecido que ellos mismos,
nadie puede pensar, lejos de los orígenes,
que una mujer y un hombre reconstruyan la tierra.

Y la pareja en plena soledad, agredida
por odio y tempestades de la naturaleza
sufrió y siguió bajo el follaje negro
buscando la infinita claridad exterior
hasta que sólo en sí mismos y en su fuego,
cuerpo a cuerpo, y a golpes de brazos y de besos
fueron hallando un túnel largo como la vida
que los unió, sellándolos, en un solo camino,
alarmados, heridos, espiados por el bosque
que con ojos malignos acechaba
hasta seguir cayendo en la alegría
con el peso total de la tierra en sus huesos.

El temor, el amor, el dolor los golpeaban
y de un incendio a otro despertaron
para andar sin saber hasta perderse.



LOS CONSTRUCTORES

Rhodo, el refundador, sobreviviente,
y Rosía, la rosa de la tierra perdida,
no imaginaron sus deberes sobrehumanos:
persistir y crear el reino limpio,
paso a paso, cavando, sin pasado,
construyendo de nuevo el esplendor
sin sangre ni ceniza.
Pero el Edén amargo
de las montañas, la loca latitud de los ríos,
la amenaza nevada de los siete volcanes,
el espacio que abría la boca una vez más,
tragándolos, llevándolos entre espina y espina
como en una oceánica guerra sin regimientos,
sin más tambor que el trueno, y adelante
y atrás, arriba, abajo,
aquel reino erizado que continuaba hacia el Polo,
y ellos solos, los dos, palpitando, perdidos
sobre la inmensidad de su soberanía.



LA VIRGEN

Ella le dijo: Fui piedra de oro
de la ciudad de oro, fui madera
de la virginidad y fui rocío.
Fui la más escondida de la ciudad secreta,
fui la zorra selvática o la liebre relámpago.

Aquí estoy más inmóvil que el muro de metal
sostenida por una enredadera o amor,
levantada, arrastrada, combatida
por la ola que crece desde tus manos de hombre.

Cuando hacías el mundo me llamaste
a ser mujer, y acudí
con los nuevos sentidos que entonces me nacieron.

Yo no sabía que tenía sangre.

Y fui mujer desde que me tocaste
y me hiciste crecer como si tú me hubieras
hecho nacer, porque de dónde
sino de ti salieron mis pestañas,
nacidas de tus ojos, y mis senos
de tus manos hambrientas, y mi cuerpo
que por primera vez se encendió hasta incendiarme?
Y mi voz no venía de tu boca?

No era yo el agua de tu propio silencio
que se iba llenando de hojas muertas del bosque?

No era yo ese fragmento de corteza que cae
del árbol y que pierde, condenado
a una unidad perdida, su solitario aroma?

O Rhodo, abrázame hasta consumirme,
bajo el follaje de los bosques oscuros!

Es tu amor como un trueno subterráneo
y ya no sé si comenzamos el mundo
o si vivimos el final del tiempo.

Bésame hasta el dolor y hasta morirme.



EL GRAN INVIERNO

Es la época de la nieve sola en la estepa,
del silbido corpóreo contra el volcán austral
cuando el viento abocina su garganta
y hoja por hoja llora la lluvia en los raulíes.

Cercado está el amor sin puertas ni paredes,
la noche hostil, la soledad fragante,
las ramas enemigas de la selva,
la pradera de sueño blanco y cruel
y más arriba como el dios de la dureza
el volcán comenzó a mostrar su sangre.

Nieve, sangre sombría, fuego descabellado
rodearon el recinto de los últimosy la que huyó de un reino destruido
y el que salió a fundar un dominio orgulloso
de pronto se quedaron solos con el amor.

Y fueron oprimidos por su dicha terrible.



LOS OBSTRUCTORES

Porque el espacio los atropello
hasta enterrarlos en un solo ser,
en la unidad del fuego perseguido,
y nunca tuvo tanta soledad el amor
como si en vez de hacer de nuevo el mundo
hombre y mujer allí se destinaron
a devorarse como dos águilas hambrientas.

Porque de tanta amarga geografía,
reino, extensión, descubrimiento, fatiga,
como una maldición de la naturaleza
se convirtieron en dioses desamparados,
vencidos por la furia del relámpago,
aniquilados por el amor hostil.



LA CADENA

No hablaban sino para desearse en un grito,
no andaban sino para acercarse y caer,
no tocaban sino la piel de cada uno,
no mordían sino sus mutuas bocas,
no miraban sino sus propios ojos,
no quemaban carbón sino sus venas,
y mientras tanto el reino despiadado temblaba,
crecía la crueldad del viento patagónico,
rodaban las manzanas crueles del ventisquero.

No había nada para los amantes.
Estaban presos de su paroxismo
y estaban presos en su propio Edén.

De cada paso hacia la soledad
habían regresado con cadenas.

Todos los frutos eran prohibidos
y ellos lo habían devorado todo,
hasta las flores de su propia sangre.



RHODO HABLA

Él le dijo: He caído
en tu insondable transparencia. Veo
alrededor de mí, como en el agua,
debajo de un cristal, otro cristal.

Y me ahogo en un pozo cristalino.

Por qué has venido y de dónde has venido?
No puedes ahora volver a la ceniza
de la ciudad de oro? Adonde voy sin ti
y adonde voy si se termina el mundo?

Si tu reposo no me da reposo
qué haré yo con el fuego de Dios?

Si no saldrán mis hijos de tu cintura clara
qué dicha otorgaremos a la tierra?

Yo, Rhodo, destruí el camino
para no regresar. Busqué y amé
la paz deshabitada y la llené
de castillos, de amor imaginario,
hasta que tú, Eva de carne y hueso,
Rosía terrenal, rosa nutricia,
desnuda, incierta, sola, apareciste
y sin llamarte, entró tu escondida hermosura
en mi cama salvaje.
Yo reniego
de ti, vuelve a tu ciudad muerta,
regresa a tu quemado poderío!

Y continuó Rhodo: No separes
tu cuerpo del mío, ni un minuto.
Vive entre mis dos ojos, cabalga
mi nariz, deja que duerma
tu pelo entre mis piernas, deja enredados
tus dedos para siempre en mi deseo,
y que tu vientre ondule bajo el mío
hasta que el fuego de la sangre baje
hasta tus pies, encadenada mía.



HABLA ROSIA

Ella, Rosía, suave y salvaje, dice
Dirigiéndose a Rhodo, sin palabras:

Nací de tu estallido.
De un relámpago tuyo vine al mundo.
Mi cabellera era la noche,
La confusión, la soledad, la selva
que no me pertenece. Oh varón mío,
ancha es tu sombra y es tu sol penetrante
el que me reveló desde los pies
hasta mi frente, la pequeña luna
que te aguardaba, amor, descubridor de mi alma.

No eres tú gran espejo, Rhodo, en que yo me miro
y por primera vez yo sé quién soy?
No una rama de espinas peligrosas
ni una gota de sangre levantada en la espina,
sino un árbol entero con frutos descubiertos.

Cuando tú, primer hombre, descansaste una mano
sobre mi vientre, y cuando
tus labios conocieron mis pezones
dejé de ser la gota de sangre abandonada,
o la rama espinosa caída en el camino:
se levantó el follaje de mi cuerpo
y recorrió la música mi sangre.



SIGUE HABLANDO ROSÍA

Y continuó Rosía: Me vi clara,
me vi verde, en el agua del espejo
y supe que era ancha como la tierra para
recibirte, varón, terrestre mío.
Como un espejo tú reflejabas la tierra
con la extensión de tantos terrenos y dolores
que no me fatigué de mirarme en tus ojos
y viajé por tus grandes venas navegatorias.

Oh extenso amor, te traje la fragancia
de una ciudad quemada, y la dulzura
de la sobreviviente, de la que no encontró
a nadie en la espesura de un mundo clausurado
y errante anduvo, sola con mi herencia
de pesada pureza, de sagrada ceniza,

Quién me diría que se terminaba
el mundo y comenzaba con nosotros
otra vez el castigo del amor, el racimo
de la ira derribado por el conocimiento?



HABLA RHODO

Dice Rhodo: «Tal vez somos dos árboles
encastillados a golpes de viento,
fortificados por la soledad.
Tal vez aquí debimos
crecer hacia la tierra,
sumergir el amor en el agua escondida,
buscar la última profundidad
hasta enterrarnos en mi beso oscuro.
Y que nos condujeran las raíces».

Pero esto fue para comienzo o fin?

Yo sé, amor mío, que tu eternidad
es mía, que hasta aquí alcanzamos
medidos, perseguidos y triunfantes,
pero se trata de nacer o morir?

Dónde puede llevarnos el amor
si esta gran soledad nos acechaba
para escondernos y para revelarnos?

Cuando ya nos fundimos y pasamos
a través del espejo
a lo más ancho del placer pasmoso,
cuando tú y yo debimos renunciar
a los reinos perdidos que nos amamantaron,
cuando ya descubrimos
que nos pertenecía esta aspereza
y que ya nos tenía destinados
la tierra, el agua, el cielo, el fuego,
y tú, la sola, la maldita mía,
la hija del oro muerto de la selva,
y yo, tu fundador desengañado,
yo el pobre diablo que imitaba a Dios,
cuando nos encontramos encendidos
por la centella amarga que nos quema,
fue para consumirnos,
para inventar de nuevo la muerte?

O somos inmortales
seres equivocados, dioses nuevos
que sobrevivirán desde la miel?

Nadie nos puede oír desde la tierra.

Todos se fueron, y esto era la dicha.

Ahora, qué haremos para reunir
la colmena, el ganado, la humanidad perdida,
y desde nuestra pobre pureza compartir
otro pan, otro fuego sin llanto,
con otros seres parecidos a nosotros,
los acosados, los desiertos, los fugitivos?

A quién desde hoy daremos nuestro sueño?
A dónde iremos a encontrarnos en otros?
Vinimos a vivir o a perecer?

De nuestro amor herido
debe soltar la vida un fulgor de fruto
o bajar a la muerte desde nuestras raíces?



EL ENLUTADO

Rosía, cierra tus ojos pasajeros:
fatigada, resuelve la luz y enciende el vino:
duérmete y deja caer las hojas de tus sueños,
cierra tu boca y déjame que bese tu silencio.

Nunca amé sino sombras que transformé en estatuas
y no sabía yo que no vivía.
Mi orgullo me iba transformando en piedra,
hasta que tú, Rosía, despertando
desnuda, despertaste mi sangre y mis deberes.

Dejé la monarquía de luto en las montañas
y comprendí que volvía a sufrir.
Si bien tu amor me volvió al sufrimiento
abrió la puerta de la dicha pura
para que nos halláramos caídos
en el jardín más áspero y salvaje.



LA ESPADA SE PREPARA

Cuando nació el volcán no sabía
que se llamaba Muerte.
Iba creciendo con algunos truenos
y volaba la nieve
en su cabeza
como muchas palomas que murieran.

Allí creció y creció
más alto, más, más alto,
y tuvo un cuerpo azul
como un embudo
y ahora, soberano,
una corona,
diadema o rosa de agua.

Adentro tierra ciega,
tiempo ferruginoso
trabajaron
preparando la sílice,
el azufre, la furia:
todo era pedernal, visceras vivas,
latido celular, garras de fuego,
todo dormía en la amenaza
de la pavorosa herrería.

Se establecieron las olas de lava,
los estatutos de clavos ardientes:
de piedra a piedra se hizo la milicia
del volcán negro que subía al cielo,
del volcán blanco que descendería,
del volcán rojo, señor de la Tierra.



EL LLANTO

Por qué los ojos de Rosía se mojaron
entonces, como si vieran a través de la lluvia?

Por qué como dos piedras en el agua
velaron el fulgor de su alegría?

De dónde aparecía aquel tormento?

Era opresión el peso de la tristeza invisible?

Era ronco el lamento que escuchaba Rosía.

Adentro de su propio ser secreto
escuchó un crecimiento de campanas:
sonaba el agua en su profundidad.

Palpitaban los ojos de Rosía
como dos graves aves prisioneras,
como dos gotas de enlutada luz.



EL DOLOR

Hacia el mar, hacia el mar! dijo el creciente.
Hacia la ola! dijo la que no conocía
el mar, la desterrada de los Césares.

Ella creía en una catarata de sal,
en un árbol extenso, de hojas horizontales,
en un abismo de viviente azul.
Rhodo, el errante, conoció su cita.
La hora de la tierra terminada.
Se había desprendido el fruto negro
del árbol de la sed, de la agonía:
ya no podía construir cantando.

Por qué llegó la destinada a él?

Por qué su fuerza que destinó al dolor
se encontró en el amor con la desdicha?

Él no quería comenzar el mundo.

Llevaba sólo siglos a la espalda
y si evadió el desastre de las razas
caídas y quemadas, si resistió la noche
y la errante dureza del desierto,
cuando recibió el cuerpo de Rosía
volvió a encontrar la soledad.
El hombre
había dispuesto su destino
y un Dios intruso repetía el dolor.

Había predispuesto su linaje
de sol sombrío y luna hereditaria:
él solo para no volver al hombre:
él, el pobre inmortal con todo el mundo a cuestas.

Pero de la ciudadela perdida,
del acontecimiento abandonado
en medio de la selva, áurea virtud,
Rosía, claridad sobreviviente,
llegó al reducto y despertó al dormido.



EL ESPACIO

Pero la selva antartica dormía
con la fría pereza de los pies de la tierra:
las cabezas coniferas no se decían nada
en lo alto del follaje reunido
y enredado en un nudo de puñales
que cortaban el vasto cielo inmóvil
hecho de azul, de acero, de volcanes hostiles.
Aquel invierno edénico
caía gota a gota,
frío a frío.

Caía el trueno sobre los amantes
como un castigo celeste.
Quién es? se preguntaban
y entraba entre las piedras un relámpago.

Oscura era la mano de Dios,
duros eran sus dedos,
y no había crepúsculo
sino el parto perdido
de aquella aurora que no llegaba nunca,
del puma que nacía,
del terror envuelto en la niebla
entre las agujas del cielo.



VOLCÁN

El volcán perforaba el peso
de la montaña, acumulaba
su cólera ferruginosa,
hería, hería las paredes,
hacía un río vertical.
Abajo, más abajo, el fuego
trabajaba como una abeja
hasta encenderse y elevarse:

piedra y azufre, estrella y barro,
antracita y pólvora, cobre
se desentrañaban y ardían,
pero hacia más abajo aún
buscaba el mortero metales,
cavaba sombras y lingotes,
acumulaba la dureza.

Nadie podía oír aún
el estertor del subterráneo:
ni una burbuja de la nieve
traicionaba aquella amenaza
y sin embargo aún, aún
abajo, abajo se amasaban
el incendio con la agonía:
la panadería del fuego.



LA SILVESTRE

Rosía era nacarada y dorada
a la luz del ramaje
y así se vio de pronto
disminuida, hierba o rana,
insecta verde, rosa fea
en las manos de Rhodo.
Quién soy,
se dijo, y por qué me perdí,
y en este laberinto de raíz y ramaje
yo no soy ni la fruta del esplendor, ni el canto
del tembloroso río cuando amanece el viento!

Oh dolor, que la última en la tierra
sea yo con mi rostro de primavera inmóvil
y no la torrencial fosforescente,
la belleza que Rhodo debía recibir
en su reino, en el Edén final.

Yo viví cosechando manzanas amarillas,
montando los caballos patagónicos
y no hay jazmín ni aurora en mis mejillas:
el viento Sur me separó con su espada,
la nieve quebrantó mi cabellera,
la lluvia era mi mejor vestido
y si crecí desnuda en la intemperie
fue mi raza secreta la que educó mi piel,
la que formó mis manos metálicas y agrestes.

Oh amor, no pude ser tierna como la leche,
sino erizada como la castaña polar.

Pero cuando tú llegas sube en mí una fragancia
de bosque verde, y me convierto en rosa.



VOLCÁN

Mientras tanto el volcán buscaba hierro:
desmantelaba el fondo de la tierra, agredía
el granito, liquidaba la sal:
se hundía, hundía en el subsuelo abierto
hasta caer y llegar y recoger
el ígneo pez o el tigre del incendio.



LA FLOR AZUL

Rhodo cortó una flor y la dejó en su lecho.
Era una flor de linaje violeta,
semiazul, entreabierta como un ojo
de la profundidad, del mar distante.

Dejó Rhodo esa flor bajo Rosía
y ella durmió sobre la flor azul.

Toda esa noche soñó con el mar.

Una ola redonda se la llevó en el sueño
hasta una roca de color azul.

Allí esperaba ella por años y por siglos
entre la espuma repetida y el
cabeceo de los cachalotes.
Sola
está Rosía hasta que luego
el cielo descendió de su estatura
y la cubrió con una nube azul.

Al despertar del sueño bajo sus ancas claras
y entre sus piernas una flor caliente:
todo su cuerpo era una luz azul.



LA CLARIDAD

Oh amada, oh claridad bajo mi cuerpo,
oh suave tú, de la aspereza desprendida,
eres toda la noche con su acción constelada
y el peso de la luz que la atraviesa.

Eres la paz del trigo que se prepara a ser.

Oh amada mía, acógeme y recógeme ahora
en esta última isla nupcial que se estremece
como nosotros con el latido de la tierra.

Oh amada de cintura parecida a la música,
de pechos agrandados en el Edén glacial,
de pies que caminaron sobre las cordilleras,
oh Eva Rosía, el reino no esperaba
sino el frío estallido de la tormenta, el vuelo
de tórtolas salvajes, y eras tú que venías,
soberana perdida, fugitiva del cielo.



VOLCÁN

Las montañas ignívomas
callan allí, allá lejos.

Excavan,
crujen,
parten. Desde el cráter
levantan
hacia el cielo
una copa terrible
de azufre y cicatrices,
de selenio y sienita:
hendiduras por donde
caerá lava negra
y feldespato,
arterias
granulares
de la escoria,
trabajando
en el barro
hasta ser trueno,
columna de ceniza,
larga cola de cielo.

Ardiendo allí como en la jaula
el tigre negro
que yo vi en Birmania,
allí junto a la cama de Rosía y de Rhodo
junto al sueño mojado
por la infinita tempestad, el humo
quería nacimiento,
se unía la caliza con el vapor naciente,
respiraba el volcán,
rondaba con sus garras
bajo tierra,
con ojos amarillos.



LA CULPA

Algo había en el fruto
o en el conocimiento,
un síntoma, un gusano
que roía.

Rhodo y Rosía se cubrieron
de pardas pieles, buscaron el río,
y trabajaron una barca fresca,
dura como él y curva como ella:
la madera era suave
bajo los dedos: pura
fue la nave,
alerce y ulmo, con hacha de piedra
elevada y tendida.

Era la proa como nueva luna,
el cuerpo como un pez del Río Roto,
y los dos últimos novios del mundo,
Adán antiguo y Eva errante,
Rhodo y Rosía, durmieron en ella
el casto sueño después del amor.

Ella sobre el oscuro brazo derecho suyo,
él con su mano izquierda entre sus senos,
y el sueño aquél fue el viaje
de aquella nueva nave sobre el agua,
sobre las aguas que se repetían
desde los ventisqueros abundantes
hasta el océano que no espera a nadie.

Pero ellos no sabían
porque ellos acababan de nacer.



LA ESPERANZA

Rhodo olvidó el pasado,
las abejas, las ruedas
de la guerra, la miel,
la sangre, el luto
de las uvas.

El hombre rompió el tiempo.

Había muerto el mundo.

Estaba solo.

Solo con el fulgor
de un nuevo día hirviente y espacioso:

huyó de todos los muertos
y supo que no sólo la sola soledad
era el destino:

tenía que defender dos cuerpos suyos
y continuar la vida de la tierra.



VOLCÁN

Era siempre de noche
y madriguera:
llovía
con las gotas del diluvio,
con las campanas del cielo:
los setecientos lagos
se encrespaban
silbando, y tomó el mundo
olor a humo mojado,
a pubis verde,
a leña.

Dónde se habían ido
el sol con su marea,
la luna con su sueño,
el mar con su herrería?

Iba creciendo un número
adentro de la tierra:
como un germen terrible
se iba agregando la piedra al silencio,
la amenaza al follaje.

Crecía cien a mil,
sulfuro, cieno,
cien mil multiplicaba
la fogata secreta,
algo se machacaba
multiplicando el fuego.



LA SELVA

Rosía despertó sola: un rumor
mineral, devorante,
la cercaba. Agua y música
caían con las hojas
del día sacudido:
la hija selvática corrió con pies rosados
desde el amanecer ferruginoso.

Qué aroma, qué rumor,
qué número cantaba,
qué puerta iba a nacer
o a crepitar?

Como una llama
Rosía,
era la única claridad corriendo.

Daba luz como un pájaro encendido.



LA NAVE

Rhodo alisaba el mástil,
afilaba la proa.

Tocarás el océano, Rosía,
el único camino que palpita,
la libertad marina del peligro.

Sí,
hacia el mar
rodaría el destino,
el mar desnudo,
sin bien, sin ojos, sin pecado,
sin juez, sin mal, sin fin,
el mar.



VOLCÁN

El volcán recogía
cada estrella
de abajo,
la golpeaba hasta darle
corazón de puñal, puño de muerte.
Amasaba los ríos
de la lava,
escudriñaba incendios,
acechaba sulfates,
temblaba:
la hoguera arrolladora
era sólo semilla,
la semilla enlutada
del sol, del sol sangriento.
Cavaba,
recavaba,
aun sin fuego ardía
y sin boca tronaba:
era una olla que hervía
sin agua, sin vapor:
era el rayo enterrado
en el útero amargo
de la tierra.



HABLA EL ANÁNICO

Rhodo dijo: Quiero tu cabellera para sembrarla en el mar.
Tu cabellera es la proa de mi nave.

Quiero tu boca para soltarla en el viento,
Quiero que me abracen tus brazos:
son dos enredaderas.

Quiero tus senos blancos en el cielo
como dos lunas llenas de rocío.

Quiero tu vientre recostado en Dios,

Quiero tu sexo, tu raíz marina.

Quiero tus piernas para dos nubes nuevas
y tus caderas para dos guitarras.

Y quiero los diez dedos de tus pies
para comerme uno cada día.



VOLCÁN

Era un agudo monte
y en la punta
se detenía una constelación,
una diadema de impalpable harina,
nube tal vez, coronación del orbe,
pasión, paloma, luna.

Encima del volcán
una presencia
siempre.

Temblaba allá una estrella,
la más alta del cielo,
o un fantasma caído
de la sombra polar, la vestidura
del corazón antartico,
la rama congelada de la aurora,
la noche que cambiaba de vestido,
o simplemente una rueda,
una raya, una línea,
un asterisco,
un diamante,
o de pronto un combate
de relámpagos negros,
de profecías,
de confusión azul y acero.

Oh montañas de América
sin nombre,
pobladas de rencor,
de minerales,
de lava subterránea!

Oh silencio que espera
derramarse,
extenderse
hacia la destrucción
y el nacimiento!



EL MAR

Dice Rosía sin mover los labios
desde su inmóvil desconocimiento:

El mar que no conozco soy yo misma,
tal vez, mi ser remoto
revelado en los brazos de mi amado,
bajo su cuerpo, cuando
siento que desde mi profundidad
suben de mí las olas poderosas
como si yo fuera dueña del mar,
del mar que no conozco y soy yo misma.

Esta frecuencia ciega,
esta repetición del paroxismo
que va a matarme y que me da la vida,
la ondulación que estalla
y vuelve y surge y crece
hasta que se derriba la luz
y caigo en el vacío,
en el océano:

soy dueña de las olas que reparto
y empujo desde mi pequeño abismo.



ANIMALES

Los saurios verdes escondidos
en la verdura, los leones
de dos cabezas, las tribelias
nacidas en los lodazales
cruzaban silbando la víspera
o remontaban al origen:
a la cueva de las estirpes.

Ahí llegan los polytálamos
congregados desde la arcilla
a la edificación coral,
pero el salamandro enlutado
del ventisquero, hijo del frío,
palpitó con su terciopelo
desapareciendo en el bosque.

El astrolante alzó su vuelo
de plumas que tintineaban
y se divisó el resplandor
de una tijera anaranjada
junto a su vuelo de metal.
Las esporas desenroscaban
leñosos y tiernos anillos
que abrían los dedos gigantes
de los heléchos de Volcania.

Se fragua el pórfido, el insecto
trepa y extiende alas recientes,
la larva rompe una estructura,
se desarrolla el animal.
Las plantas se tragan la luz,
la humedad se aproxima al fuego,
se amalgaman los minerales,
aparece el sol escarlata,
saca el ciervo su monarquía
a relucir entre las hojas
y un susurro de crecimiento
llena de música la tierra.



LA FUGITIVA

Rhodo y Rosía: he aquí los dos hallados,
los dos perdidos, los presentes.

Por qué? Ya no era el vencedor o el vencido,
sino el descubridor que en la aspereza,
en la extensión, en el final del límite,
en el Polo inclinado por el viento,
halló otra vez una mano minúscula,
un cuerpo breve arañado de espinas,
una mujer externa que salía
tal vez y una vez más de su cuerpo o su sueño.

Venía o no venía de la ciudad cesárea
entrelazada por el origen del mundo
o por la tierna fábula o la historia?

Quién era, oruga o flor, mariposa o camelia?

Y él mismo, el solitario fundador,
debía renunciar al territorio,
debía matar él su soledad,
su construcción final, su reino amargo?



DOS

Y ella, la leñadora,
llama insurgente del incendio, lámpara
apenas encendida en las tinieblas,
ella, la transitoria, la mujer,
debía persistir o perecer?

Rosía, la que nunca vio el mar,
la virgen escapada de la ciudadela,
nació o sobrevivió para este hombre enlutado
cubierto de raíces y recuerdos?
Adán
de las desdichadas guerras del hombre,
de las naciones convertidas en polvo,
de las ciudades hechas cicatrices,
Rhodo, el héroe de la última fuga
que encontró otro planeta en su planeta,
era el comienzo de su estirpe o el fin?

Por qué sobrevivían? Dónde estaba
la libertad? Era esta soledad
de témpanos poblados de campanas que crujen
rompiendo el infinito pecho del ventisquero,
era el espacio abierto, enmarañado, hostil,
su Edén, la eternidad de su recinto?
O bien hacia el océano,
hacia la luz extensa, labradora,
ella, Rosía, la recién llegada,
debía dirigir sus pies silvestres?




LA MUERTE Y LA VIDA

Rhodo en el bosque, donde estaba
él, el bosque era la ausencia.
Ella tal vez detrás de los heléchos,
ella tal vez encerrada en sí misma,
ella dentro de él, sellada en él,
cortada en piedra pura!

Por qué llegaron y de dónde llegaron
a vivir el amor agonizante?

Y quién era ella y para qué venía
si el hombre sin destino la esperaba?

Si aquella hija de la tempestad
pertenecía a un mundo destruido?

Y cuál era la culpa del dolor
y por qué unidos los dos desterrados
eran llevados de nuevo al deseo
y eran precipitados al castigo?

Se esperaba de ellos el racimo
de hijos que continuaran al hombre y a sus guerras?
Los herederos de las uvas amargas?



EL EXTRAVÍO

Oh amada mía, acércate y aléjate.
Ven a besarme, ven a separarme.

Ven a quemarme y dividirme.
Ven a no continuarme, a mi extravío.

Ven, oh amor, a no amarme, a destruirme,
para que encadenemos la desdicha
con la felicidad exterminada.



VOLCÁN

Las grandes bestias del bosque,
los pumas, los guanacos,
los pájaros reunidos,
las culebras,
las ranas, las cantáridas,
las lombrices, las avispas
amaranto,
las hormigas, los zorros,
los lagartos,
sintieron
que crecía
el humo
bajo la tierra,
supieron
antes que el hombre o la mujer,
supieron
antes que el viento lo supiera:
algo
crecía
bajo
sus alas y sus pies, sus cuerpos lisos,
sus vientres, sus plumajes, sus escamas:
aroma,
olor magnético,
rosa explosiva,
magnitud enterrada:
algo
vibraba, renacía
en la espesura,
en la paciencia silvestre.

Carbón, sílice roja,
minería,
azufre o luz calcárea,
trabajaban
y la miel
se lo dijo a la abeja,
lo repitió la abeja
en el follaje
del ulmo, y el follaje
lo contó a las raíces,
y éstas al agua,
el agua, al vaporoso
nimbo del ventisquero,
el ventisquero al hielo,
éste al rocío,
el rocío a la hierba
y la hierba, la voz breve del mundo,
se lo dijo a los pies de la mujer Rosía
y los pies de Rosía levantaron
la campanada oscura que subió
al corazón de la mujer Rosía
llenándolo de miedo:
era el tañido de la oscuridad,
del subterráneo que quería arder,
de las tinieblas que la perseguían.



EL MIEDO

Dijo al hallar a Rhodo: Tengo miedo.
Te amo con todo el miedo subterráneo,
con la maldad del castigo.
Tengo miedo
de la amapola
que quiere morder,
del rayo que prepara su serpiente
en el árbol secreto del volcán:
tengo miedo de su luz espantosa,
del día puro convertido en ceniza.

Dónde vamos?
Y para qué vinimos?

Anoche, Rhodo, me dejaste sola.
No me bastaba el recuerdo,
no sólo era la ausencia
de tu abrazo:
necesitaba el beso de tu cuerpo
sobre mi cuerpo. En las tinieblas
todo se despedía
de mi sueño.

Era la selva que lloraba,
eran los animales del presagio,
y tú, mi amor, mi amante,
dónde
dormías
bajo la amenaza,
bajo la luna sangrienta?



LA NAVE

Rhodo levanta una mano invisible.

«La nave me llamó,
la nave tiene miedo:
me dijo: al agua pura,
a la sal repetida,
a la tormenta,
vamos!

Pero si cae sobre mí la mano
del volcán vengativo,
el viaje será un rito de pavesas,
de chispas que arderán y caerán
en las manos del fuego.»

Eso me dijo la nave.

Dormí toda la noche
entre la nave y las estrellas frías,
esperando,
hasta que un gran silencio me devolvió a tu vida,
a la morada,
y sin partir aguardo
la decisión del fuego.



VOLCÁN

No hay día, luz, no hay nada. Sólo
el silencio existe,
la espera verde.

La selva retiró su lenguaje y huyeron
los sonidos a la espesura.
No hay asombro como éste.
La desesperación de la esperanza.

Quién?
Llegará quién?
El humo?

Por qué se esconde el negro escarabajo
en una gota de luna?

Por qué hasta el cuarzo tiembla
sin agregar la luz en que trabaja
a su mirada transparente?

Por qué se aleja el paso
del roedor, y las bandadas
de las bandurrias con sus pies metálicos
golpean la puerta del cielo?



LA FUGA

Los dos amantes interrogaban la tierra:
ella con ojos que heredó del ciervo:
él con los pies que gastó en los caminos.

Iban de un lado a otro de los bosques,
buscaban la frontera del peligro,
acechaban de noche cada estrella
para leer las letras del latido
y al viento preguntaban por el humo.

Fue musgosa y errante aquella vida
de los desnudos y rápido
era el encuentro del amor:
recorrían distancias como países o nubes
sólo para yacer, enlazarse, partir,
y quedarse enredados en la nueva distancia,
en el peligro de aquella boca blanca
que con toda la nieve de la altura
quería hablar con la lengua del fuego.



ÁGUILA AZUL

El vuelo del águila azul es transparente.

Hombres! Os congregaré sólo para el milagro.

Vive sobre la luz esta presencia:
dos alas como dos balas, dos espolones, dos flechas
que ascendieron llevando sangre y polen
es el águila lineal de aquella latitud.
Sube su torbellino, rompe el alma celeste,
devora el hilo insigne de la altura
y lo que fuera mancha o meteoro
o resplandor directo de la velocidad
se queda fijo, rígido en el aire,
y sus plumas azules se integraron
y se restituyeron al azul.

Así desaparece en plena luz
el ave pura, centro del anillo,
ojo del universo, pez del cielo,
que continúa desde las raíces
la exhalación, la dirección, la vida.

Vertical es su acción, su alma es violenta
hasta ser equilibrio transparente.



VOLCÁN

El volcán es un árbol hacia abajo.
Encima están sus raíces de nieve.

Pero abajo construye su follaje,
hoja por hoja, azufre por azufre:
mineral machacado hasta ser flor,
pétalo a pétalo de profundo fuego,
y cada rama hundida
en la dureza
excava para que florezca el fuego.

Crece y crece hacia abajo
el árbol vivo que aráe,
derritiendo, agregando,
aína Iga man do
la espada del castigo.



SONATA

Rosía, te amo, enmarañada mía,
araña forestal, luna del bosque,
solitaria nacida del desastre,
durazna blanca entre los aguijones.

Te amo desde el origen del amor
hasta el fina! del mundo, hasta morir,
te amo en la ocupación de mis deberes,
te amo en la soledad que deja el día
cuando abandona su vestido de oro,
y no sé si encontrarte fue la vida
cuando yo estaba solo con el vienro,
con los peñascos, solo en las montañas
y en las praderas, o si tú llegabas
para la certidumbre de la muerte.

Porque el amor original, tus manos
venían de un incendio a conmoverme,
de una ciudad perdida y para siempre
deshabitada ahora, sin tus besos.
Oh flor amada de la Patagonia,
doncella de la sombra, llave clara
de la oscura región, rosa del agua,
claridad de la rosa, novia mía.

Pregunto, si mi reino ha terminado
en ti, qué liaremos para renunciar
y para comenzar, para existir,
si el plazo de los días se acercara
a nuestro amor dejándonos desnudos,
sin nadie más eternamente solos
en la felicidad o en la desdicha ?

Pero me bastas tú, como una copa
de agua del bosque destinada a mí:
acércate a mi boca, transparente,
quiero beber la luz que te ilumina,
detenerme en tus ojos, y quedarme
muerto en el luto de tu cabellera.



VOLCÁN

Lágrimas de hierro tuvieron
los negros ojos del volcán,
garras rojas se le soltaban,
largos latidos arteriales,
dientes de máquina malvada:
era ardiente su alevosía.

Se preparaba en el áoior
la ira del parto planetario,
en los ovarios de la furia
el trueno quería estallar:
la lava hervía en su sopera,
rugían los tigres de piedra,
ardía el subterráneo azul,
y por una grieta invisible
salió un alambre de humo duro
como si quisiera amarrar
la incertidumbre con el miedo;
entonces trepidó la tierra
anticipando el estertor
de la oscuridad que revienta
en forma de fuego y de luz.



LOS UNOS

Al mar! dice Rosía,
al mar que no conozco,
a sumergir la llave de mi amor,
a buscarla otra vez bajo las olas!

Hoy no te acerques, hombre,
a mi costado!
Hoy déjame en la oscuridad
buscándome a mí misma.

Por qué me amaste, Rhodo?

Porque era yo la única,
la que salía de mi soledad
hacia tu soledad?

Quién designó el designio?
Quién me salvó de la ciudad destruida?

Quién me ordenó en las tinieblas
andar, andar, romperme ojos y pies,
atravesar el callado latido
de la naturaleza,
piedra y espina, dientes y sigilo,
hasta llegar a ti, mi desterrado?

Yo fui la última mujer: cayeron
los muros sobre mis muertos
y así formamos la ultima pareja
hasta que entré en mi abrazo,
en tu medida desmedida,
y tal vez somos los primeros,
los dos primeros seres,
los dos primeros dióses.



VOLCÁN

Los desnudos del frío,
la nieta de los Césares,
campesina,
el aterrado
que huía de la tierra y de la guerra,
el fundador de un imposible reino,
vieron la sacudida
del planeta.
Como sólo una hoja
tembló el mundo:
un trueno
sepultado:
un clamor
sordo:
un tambor
de la tierra:
un ancho ruido
que llega desde abajo,
desde dónde?
Un sonido
circular, un anuncio
de inmensa boca amarga
o de campana muerta,
entonces
se iluminó la copa
del volcán
con llama, resplandor
o vino férreo,
y primero una lágrima
de lava
cayó como sufriendo
desde la torre del volcán desnudo.



LA SOMBRA

Es el ancho camino de la luz,
de la blancura, de la nueva nieve,
o se rrata del síntoma
del odio?

Tal vez era la hora del expulso?

La vida, un jardín perdido,
la muerte, al fin, entre los otros muertos,
la hora llegada para ser mortales?

Era la hora
anaranjada
de la calcinación y del castigo?

Era la hora sin jardín,
sin selva,
sin resreso?



LA HISTORIA

Oh amor, pensó el acongojado
que por primera vez sobre la lengua
sintió el sabor de la muerte,
oh amor, manzana del conocimiento,
miel desdichada, flor de la agonía,
por qué debo morir si ahora nací,
si recién confundíanse las venas,
si sueño y sangre se determinaron,
si volví a ser injusto como el amontonado,
el pobre hombre, el hermano, el todavía,
y cuando ya me despojé de Dios,
cuando la claridad de la pobre mujer,
Rosía, predilecta de los árboles,
Rosía, rosa de la mordedura,
Rosía, araña de las cordilleras,
cuando me sorprendió la sencillez
y desde fundador de un criste reino
llegué a los puros brazos de una hija de oro,
de una exiliada, huyendo del desasiré
y llegó la corteza, la enredadera roja
a cubrirme hasta darme silencio y magnitud,
entonces, en el saco de la derrota, agobiado
por mi destino, libertador al fin
de mi propia prisión, cuando salí a la luz
de tus besos, oh amor, llega el anuncio,
la campana, el reloj, la amenaza, la tierra
que crepita, la sombra
que arde.

Oh amor, abrazare a mi cuerpo
frente al fulgor de la espada encendida!



ADVENIMIENTO

Ella sintió crecer adentro de ella
no la razón, sino una rosa dura,
una pasión como una cruz de piedra,
un grito vegetal de sus raíces.
De la tierra erizada biota el humo,
incierta torre, lista
para caer, bocina de los truenos,
río de los dolores.



LA ESPADA ENCENDIDA

Subió la sangre del volcán al cielo,
se desplomó la grieta,
ígnea ceniza, lava roedora,
lengua escondida, ahora derramada,
luna caliente transformada en río.

Salió la espada ardiendo encima
de la boca nevada
y un estertor del fuego
quebró la oscuridad,
luego el síiendo
duró un segundo
como una mano helada
y estalló la montaña
su parro de plañera;
lodo y peñascos bajaron, de dónde?
En dónde se juntaron?
Qué querían rodando?

A qué venían?
A qué venía el fuego?

Todo ardía,
el viento repartió
la noticia incendiada
y un trueno ahogado habló roda la noche
como una gran garganta estrangulada.

Oh pavor encendido
de la naturaleza!
Oh muerte de la tierra!
El volcán hambriento
salía a devorar por los caminos.
El volcán roro
desgranó sus racimos,
su cargamento amargo,
su saco de desdicha.
El volcán muerto
revivía rugiendo,
nacía agonizando
en la gran alegría
que destruye.

Saltó la levadura
de las panaderías del subsuelo.
Gemía Dios
como un encarcelado
que fue quemado vivo.
Se derretía Dios
en sus derrotas
y desde su pasión, tortura y muerte,
Dios, muerto para siempre,
amenazó a los hombres con su espada encendida.



LA NAVE Y SUS VIAJEROS

La nave ya estaba llena de pájaros,
llena de zorros, llena de serpientes.
La leona quemada trajo sus cachorros,
el águila se sentó en la proa,
los pequeños venados de ojos verdes
duermen junto al jaguar devorador,
los colibríes bailan en la nube
de ceniza mortal que va cayendo,
las ratas de los montes atormentan
las costillas del barco,
las mariposas tejen sus mortajas,
las avispas de corazón azul,
los hormigueros de milicia negra,
los lagartos vestidos de dragones,
los últimos caballos,
los gatos y los perros del bosque,
las liebres y los cisnes,
los chucaos de grito envuelto en lluvia,
las torcazas calzadas de carmín,
los jabalíes con sus dentaduras,
los chingues con relámpago a la espalda,
los patos parecidos al ámbar,
las gallinas del frío,
las enlutadas aves del estiércol,
el ánade amarillo,
la culebra,
la lagartija ensortijada,
la manris rezadora, rezando,
la abeja de los ulmos,
la pulga del conejo,
el cóndor con su caja de sepulcro,
el murciélago pálido,
allí estaban colmando
la embarcación. Y aquella
nave
parecía un racimo
de cabezas, de plumas asustadas,
de garras procelarias.

No había sitio para los humanos;
para Rhodo y Rosía que llegaban
quemantes y sangrantes a su nave,
a la nave que hicieron con sus manos,
que hicieron con sus sueños
de las duras maderas
que nadie conocía,
sin clavos ni marrillos:
con manos y con dientes:
con ternura y pureza.



EL VIAJE

La nave!
La nave hacia el destino!
Qué destino?
Hacia el mar!
Qué es el mar?

El sueño fue la nave
cortada en la fragancia,
amor, agua, madera,
allí los fugitivos
se abrazaron
antes, después, entonces.

De qué huían?
Del bosque?
De la tierra o del cielo,

Trabajaron, amándose, enlazándose
a hurtadillas, caídos en la arena,
entre los árboles como en casas cerradas
de ausentes, casas de hojas:
todo había sido techo para los dos errantes,
todo era beso, boca rumorosa,
selva, latido, cópula, silencio.,
hasta que se decidió la aurora
a detener la noche, y entró el trueno
a rugir y quemar; surgió del tiempo
la espada del castigo
que nadie conocía,
caminaron los condenados.



VOLCÁN

Corría el hombre, corría la lava,
corría el agua, corría la lava.

Volaba el viento quemador, el fuego
bajaba royendo roca,
sobresaltando ríos
se despeñaba el tuego,
el volcán palpitaba
y diente a diente remordía,
seguía a los que huyeron,
a los pájaros,
al aire para enfurecerio,
al agua para aniquilarla.

El volcán vivo,
vivía, resurrecto,
mordía con los pétalos
del humo,
mataba con integridad terrible.



EL VIAJE

Se soltó el barco, el barco
de anímales oscuros,
de palomas y perros fugitivos-
Y allí, entre gatos y aves,
los desnudos del frío,
Rhodo y ella, los solos
que salían
del gran desierto verde,
de la lluvia,
del reino negro de la soledad.
Y ahora
los alcanzaba el fuego,
los mordía la muerte,
los seguía el silencio
calcinado.



LA NAVE

Nave, arranca, atraviesa
la rosa de ceniza!
Nave del Sur, redonda como luna o manzana,
poblada por el miedo,
avanza! Arden los lagos,
chisporrotea el, rostro del invierno,
galopan los caballos del volcán.

Avanza, nave de los delicados,
de los resurrectos,
de los que quieren ser,
nave de Rhodo,
rosa de Rosía,
avanza hacía la espuma litoral,
hacia la azul milicia de la ola,
hacia los siete océanos y sus valientes islas,
nave del Sur, fragancia
de la pura frescura
de los bosques,
hacia todos los números del mar,
oh nave, naveguemos!



VOLCÁN

Allí viene el quemante,
el cío del azufre,
la lengua que devora,
se arrastra,
cruje y sigue
calcinando:
los árboles sintieron
la mordedura
de un hocico de fuego,
los brotes, las raíces
estallaban,
los dulces animales
eran sobrepasados
por la arteria candente:
baja la muerre ígnea,
la brasa abrasadora
extirpa toda vida
con su cauce sulfúrico,
con sus guadañas rojas:
arde la escoria
sobre la copa de las araucarias,
la lava rompe rocas,
el lento incendio corre
y sigue al barco.
Te quema el paraíso,
te persigue el inherno.

Aléjate, varón,
se quema el reino!

Eres el expulsado de la seiva.

El gran amor se paga
con la carne y el alma,
con el fueso.



LA NAVE

La embarcación salta de las lagunas
y navega
entre los ventisqueros, los cuchillos
de nieve y poderío.

Un ojo de la tierra es agua azul,
otra laguna es verde como alfalfa,
otra es de color de punía,
y la nave resalta,
cruje y corre y escapa.

El volcán la persigue
con su implacable ola,
con sus garras ardientes,
y la nave
cruza nieve y pantanos,
cae por los barrancos,
sube los montes en un hilo de agua,
sigue
desvencijándose:
ya la queman las llamas,
ya se la traga la ceniza:
rugen las fieras, mueren las abejas,
se agitan los pesados animales,
tiemblan las mariposas
en la incineración de la belleza.



LOS DIOSES

El hombre se llama Rhodo
y la mujer Rosía.

Conducían la nave,
dirigían el mundo de la nave:
de pronto allí, cerca de la cascada
y cerca de morir, con las pestañas
quemadas y los cuerpos desollados,
y los ojos amargos de dolor,
sólo allí comprendieron
que eran dioses,
que cuando el viejo Dios levantó la
columna
de fuego y maldición, la espada ígnea,
allí murió el antiguo,
el maldiciente,
el que había cumplido y maldecía su obra,
el Dios sin nuevos frutos
había muerto y ahora
pasó el hombre a ser Dios.

Puede morir, pero debe nacer
interminablemente:
no puede huir: debe poblar la tierra,
debe poblar el mar: sólo los nuevos dioses
mordieron la manzana del amor.



VOLCÁN

La espada derretida
baja entre los peñascos
ofendiendo.
El aluvión de brasa,
la lenta estrella que consume y quema,
desciende carcomiendo.
Arde la vida,
se rompe el mineral,
caen los vegetales abrumados
por la ceniza ardiente
y sigue el sol de lava
destruyendo.
Las colmenas se parten y reparten
chispas de miel y fuego.
Entra la racha por las madrigueras
calcinando las garras que dormían:
a la nave, a la nave
se dirige
el castigo.

La embarcación desciende
entre el amanecer y el ventisquero
con su cargamento asustado:
las bestias mudas
bajo el mando del hombre,
del hombre y la mujer autorizados
para salvar el mundo:
gobernadores de la nueva nave,
progenitores de la salvación.

 

LAS PIEDRAS DEL CIELO



Las piedras del cielo
[1970]



De endurecer la tierra
se encargaron las piedras:
pronto
tuvieron alas:
las piedras
que votaron:
las que sobrevivieron
subieron
el relámpago,
dieron un grito en la noche,
un signo de agua,
una espada violeta,
un meteoro.

El cielo
suculento
no solo tuvo nubes,
no solo espacio con olor a oxígeno,
sino una piedra terrestre
aquí y allá, brillando,
convertida en paloma,
convertida en campana,
en magnitud, en viento
penetrante:
en fosfórica flecha, en sal del cielo.



El cuarzo abre los ojos en la nieve
y se cubre de espinas,
resbala en la blancura,
en su blancura:
fabrica los espejos,
se retraía en estratos y facetas;
es el erizo blanco
de las profundidades,
el hijo de la sal que sube al cielo,
el azahar helado
del silencio,
el canon de la espuma:
la transparencia que me destinaron
por virtud del orgullo de la tierra.


Turquesa, te amo como si fueras mi novia,
como si fueras mía:
en todas partes eres:
eres recién lavada,
recién azul celeste:
recién caes del cielo:
eres los ojos del cíelo:
rompes la superficie
de la tienda y del aire:
almendra azul;
uña celeste:
novia.



Cuando todo era altura,
altura,
altura,
allí esperaba la esmeralda fría,
la mirada esmeralda:
era un ojo:
miraba
y era centro del cielo,
el centro del vacío:
la esmeralda
miraba:
única, dura, inmensamente verde,
como si fuera un ojo
del océano,
ojo inmóvil del agua,
gota de Dios, victoria
del frío, torre verde.


(Es difícil decir lo que me pasó en Colombia, patria reconocida de las supremas esmeraldas. Sucede que allí buscaron una para mí, la descubrieron y la tallaron, la levantaban en los dedos todos los poetas para ofrecérmela, y, ya en lo alto de las manos de todos los poetas reunidos, mí esmeralda ascendió, piedra celestial, hasta evadirse en el aire, en medio de una tormenta que nos sacudió de miedo. En aquel país las mariposas, especialmente las de la provincia de Muzo, brillan con fulgor indescriptible y en aquella ocasión, después de la ascensión de la esmeralda y desaparecida la tormenta, el espació se pobló de mariposas temblorosamente azules que oscurecieron el sol envolviéndolo en un gran ramaje, como si hubiera crecido de pronto en medio de nosotros, atónitos poetas, un gran árbol azul.
Este acontecimiento sucedió en Colombia, departamento de Charaquira, en octubre de 194... Nunca recuperé la esmeralda.)


Busqué una gota de agua,
de miel, de sangre: todo
se ha convertido en piedra,
en piedra pura:
lágrima o lluvia, el agua
sigue andando en la piedra;
sangre o miel caminaron
hasta el ágata.
El río despedaza
su luz líquida,
cae
el vino a la copa,
arde su suave fuego
en la copa de piedra:
el tiempo corre
como un río roto
que lleva graves muertos,
árboles despojados
de susurro, todo
corre hacia la dureza:
se irán el polvo, el otoño,
los libros y las hojas,
el agua: entonces
brillará el sol de piedra
sobre todas las piedras.


Oh actitud sumergida
en la materia,
opaco muro que resguarda
la torre de zafiro,
cáscaras de las piedras
inherentes
a la firmeza y la docilidad,
al ardiente secreto
y a la piel permanente de la noche,
ojos adentro,
adentro
del escondido resplandor,
callados
como una profecía
que un golpe claro desenterraría.
Oh claridad radiante,
naranja de la luz petrificada,
íntegra fortaleza de la luz
clausurada en lentísimo silencio
hasta que un estallido
desentierre el fulgor de sus espadas.


Largos labios del ágata marina,
bocas lineales, besos
transmigrados,
ríos que detuvieron sus azules
aspas de canto inmóvil.

Yo conozco
el camino
que transcurrió de una edad a una edad
hasta que fuego o vegetal o líquido
se transformaron en profunda rosa.
en manantial de gotas encerradas,
en patrimonio de la geología.

Yo duermo a veces, voy
hacia el origen, retrocedo en vilo
llevado por mi condición intrínseca
de dormilón de la naturaleza,
y en sueños extravago
despertando en el fondo de las piedras.



Un largo día se cubrió de agua,
de fuego, de humo, de silencio, de oro,
de plata, de ceniza, de transcurso,
y allí quedó esparcido el largo día:
cayó el árbol intacto y calcinado,
un siglo y otro siglo lo cubrieron
hasta que convertido en ancha piedra
cambió de eternidad y de follaje.


Yo te invito al topacio,
a la colmena
de la piedra amarilla,
a sus abejas,
a la miel congelada
del topacio,
a su día de oro,
a la familia
de la tranquilidad reverberante:
se trata de una iglesia
mínima, establecida en una flor,
como abeja, como
la estructura del sol, hoja de otoño
de la profundidad más amarilla,
del árbol incendiado
rayo a rayo, relámpago a corola,
insecto y miel y otoño
se transformaron en la sal del sol;
aquella miel, aquel temblor del mundo,
aquel trigo del cielo
se trabajaron hasta convertirse
en sol tranquilo, en pálido topacio.


Del estallido a la ruptura férrea,
de la grieta al camino,
del sismo al fuego, al rodamiento, al río,
se quedó inmóvil aquel corazón
de agua celeste, de oro,
y cada veta de jaspe o sulfuro
fue un movimiento, un ala,
una gota de fuego o de rocío.

¿Sin mover o crecer vive la piedra?

¿Tiene labios el ágata marina?

No contestaré yo porque no puedo:
así fue el turbulento génesis
de las piedras ardientes y crecientes
que viven desde entonces en el frío.


Yo quiero que despierte
la luz encarcelada:
flor mineral, acude
a mi conducía:
los párpados levantan la cortina
del largo tiempo espeso
hasta que aquellos ojos enterrados
vuelvan a ser y ver su transparencia.


El liquen en la piedra, enredadera
de goma verde, enreda
el más antiguo jeroglífico,
extiende la escritura
del océano
en la roca redonda.
La lee el sol, la muerden los moluscos,
y los peces resbalan
de piedra en piedra como escalofríos.
En el silencio sigue el alfabeto
completando los signos sumergidos
en la cadera clara de la costa.

El liquen tejedor con su madeja
va y viene sube y sube
alfombrando la gruta de aire y agua
para que nadie baile sino la ola
y no suceda nada sino el viento.


Piedra rodante, de agua o cordillera,
hija redonda del volcán, paloma
de la nieve,
descendiendo hacia el mar dejó la forma
su cólera perdida en los caminos,
el peñasco perdió su puntiaguda
señal morral, entonces
como un huevo del cielo entró en el río,
siguió rodando entre las otras piedras
olvidado de su progenitura,
lejos del infernal desprendimiento.

Así, suave de cielo, llega al mar
perfecta, derrotada,
reconcentrada, insigne,
la pureza.


Hay que recorrer la ribera
del lago Tragosoldo en Antiñana,
temprano, cuando el rocío
tiembla en las hojas duras del canelo,
y recoger mojadas piedras, uvas
de la orilla, guijarros
encendidos, de jaspe,
piedrecitas moradas o panales
de roca, perforados
por los volcanes o las intemperies,
por el hocico del viento.

Sí, el crisolito oblongo
o el basalto etiopista
o la ciclópea carta
del granito
allí te esperan, pero nadie acude
sino el ignoto pescador hundido
en su mercadería palpitante.

Solo yo acudo, a veces,
de mañana,
a esta cita con piedras resbaladas,
mojadas, cristalinas,
cenicientas,
y con las manos llenas
de incendios apagados,
de estructuras transparentes
regreso a mi familia,
a mis deberes,
más ignorante que cuando nací,
más simple cada día,
cada piedra.


Aquí está el árbol en la pura piedra,
en la evidencia, en la dura hermosura
por cien millones de años construida.
Ágata y cornalina y luminaria
substituyeron savias y madera
hasta que el tronco del gigante
rechazó la mojada podredumbre
y amalgamó una estatua paralela:
el follaje viviente
se deshizo
y cuando el vertical fue derribado,
quemado el bosque, la ígnea polvareda,
la celestial ceniza lo envolvió
hasta que tiempo y lava le otorgaron
un galardón de piedra transparente.


Pero no alcanza la lección al hombre:
la lección de la piedra:
se desploma y deshace su materia,
su palabra y su voz se desmenuzan.
El fuego, el agua, el árbol
se endurecen,
buscan muriendo un cuerpo mineral,
hallaron el camino del fulgor:
arde la piedra en su inmovilidad
como una nueva rosa endurecida.

Cae el alma del hombre al pudridero
con su envoltura frágil y circulan
en sus venas yacentes
los besos blandos y devoradores
que consumen y habitan
el triste torreón del destruido.

No lo preserva el tiempo que lo borra:
la cierra de unos años lo aniquila:
lo disemina su espacial colegio.
La piedra limpia ignora
el pasajero paso del gusano.


Ilustre calcedonia,
honor del cielo,
delicada,
oval, tersa, indivisa,
resurrecta,
celebro la dulzura de tu fuego,
la dureza sincera
del homenaje en el anillo fresco
de la muchacha, no eres
el carísimo infierno del rubí,
ni la personalidad de la esmeralda.
Eres rocas piedra de los caminos,
sencilla como un perro,
opaca en la infinita
transmigración del agua,
cerca de la madera
de la selva olorosa,
hija de las raíces
de la tierra.


Se concentra el silencio
en una piedra,
los círculos se cierran,
el mundo tembloroso,
guerras, pájaros, casas,
ciudades, trenes, bosques,
la ola que repite las preguntas del mar,
el sucesivo viaje de la aurora,
llega a la piedra, nuez del cielo,
testigo prodigioso.

La piedra polvorienta en un camino
conoce a Pedro y sus antecedentes,
conoce el agua desde que nació;
es la palabra muda de la cierra:
no dice nada porque es la heredera
del silencio anterior, de! mar inmóvil,
de la tierra vacía.

Allí estaba la piedra antes del viento,
antes del hombre y antes de la aurora:
su primer movimiento
fue la primera música del río.


Ronca es la americana cordillera,
nevada, hirsuta y dura,
planetaria:
allí yace el azul de los azules,
el azul soledad, azul secreto,
el nido del azul, el lapislázuli,
el azul esqueleto de mí patria.

Arde la mecha, crece el estallido
y se desgrana el pecho de la piedra:
sobre la dinamita es tierno el humo
y bajo el humo la osamenta azul,
los terrones de piedra ultramarina.

Oh catedral de azules enterrados,
sacudimiento de cristal azul,
ojo del mar cubierto por la nieve
otra vez a la luz vuelves del agua,
al día, a la piel clara
del espacio,
al cielo azul vuelve el terrestre azul.


Las pétreas nubes, las amargas nubes
sobre los edificios del invierno
dejan, caer los negros filamentos:
lluvia de piedra, lluvia.

La sociedad espesa
de la ciudad no sabe
que los hilos de piedra descendieron
al corazón de la ciudad de piedra.

Las nubes desembarcan saco a saco
las piedras del invierno
y cae desde arriba el agua negra,
el agua negra sobre la ciudad.


Entré en la gruta de las amatistas:
dejé mi sangre entre espinas moradas;
cambié de piel, de vino, de criterio:
desde entonces me duelen las violetas.


Yo soy este desnudo
mineral:
eco del subterráneo:
estoy alegre
de venir de tan lejos,
de tan tierra:
último soy, apenas
vísceras. Cuerpo, manos,
que se aparraron sin saber por qué
de la roca materna,
sin esperanza de permanecer,
decidido al humano transitorio,
destinado a vivir y deshojarse.

Ah ese destino
de la perpetuidad oscurecida,
del propio ser granito sin estatua,
materia pura, irreductible, fría:
piedra fui: piedra oscura
y fue violenta la separación,
una herida en mi ajeno nacimiento:
quiero volver
a aquella certidumbre,
al descanso central, a la matriz
de la piedra materna
de donde no sé cómo ni sé cuándo
me desprendieron para disgregarme.


Cuando regresé de mí séptimo viaje, antes de abrir la puerta de mi casa, se me ocurrió extraviarme en el laberinto rocoso de Trasmañán, entre el peñón de Tralca y las primeras casas del Quisco Sur. En busca de una anémona de color violentísimo que muchas veces, años antes; contemplé adherida a los muros de granito que la rompiente lava con sus estallidos salados. De pronto me quedé inmovilizado frente a una antigua puerta de hierro. Creí que se trataba de un despojo del mar: no era así: empujando con fuerza cedieron los goznes y entré
en una gruta de piedra amarilla que se alumbraba sola, tanta luz irradiaban grietas, estalactitas y promontorios. Sin duda alguien o algo habitó alguna vez esta morada, a juzgar por los restos de latas oxidadas que sonaron a mi paso. Llamé en voz alta por si alguien estuviera oculto entre las agujas amarillas. Extrañamente, fui respondido: era mi propia voz, pero al eco ronco se agregaba al final un lamento penetrante y agudo, Repetí la experiencia, preguntando en voz más alta aún: ¿Hay alguien detrás de estas piedras? El eco me respondió de nuevo con mi propia voz enronquecida y luego extendió la palabra piedras con un aullido delirante, como venido de otro planeta. Un largo escalofrío me recorrió clavándome a la arena de la gruta. Apenas pude zafar los pies, lentamente, como si caminara bajo el mar, regresé hacia la puerta de hierro de la entrada. Pensaba durante el esforzado retorno que si miraba hacia atrás me convertiría en arena, en piedra dorada, en sal de estalactita. Fue toda una victoria aquella evasión silenciosa. Llegado al umbral volví la cabeza entrecerrando el ala oxidada del portón y de pronto oí de nuevo, desde el fondo de aquella oscuridad amarilla, el lamento agudo y redoblado, como si un violín enloquecido me despidiera llorando.
Nunca me atreví a contar a nadie este suceso y desde entonces evito aquel lugar salvaje de grandes rocas marinas que castiga el océano implacable de Chile.


Cuando se toca el topacio
el topacio te toca:
despierta el fuego suave
como si el riño en la uva
despertara.
Aún antes de nacer, el vino claro
adentro de una piedra
busca circulación, pide palabras,
entrega su alimento misterioso,
comparte el beso de la piel humana:
el contacto sereno
de piedra y ser humano
encienden una rápida corola
que vuelve luego a ser lo que antes era:
carne y piedra; entidades enemigas.


Déjame un subterráneo, un laberinto
donde acudir después, cuando sin ojos,
sin tacto, en el vacío
quiera volver a ser o piedra muda
o mano de la sombra.

Yo sé, no puedes tú, nadie, ni nada,
otorgarme este sitio, este camino,
pero, qué haré de mis pobres pasiones
si no sirvieron en la superficie
de la vida evidente
y si no busco, yo, sobrevivir,
sino sobremorir, participar
de una estación metálica y dormida,
de orígenes ardientes.


Repártase en la crisis,
en otro génesis, en el cataclismo,
el cuerpo de la que amo,
en obsidiana, en ágata, en zafiro,
en granito azotado
por el viento de sal de Antofagasta.
Que su mínimo cuerpo,
sus pestañas,
sus pies, sus senos, sus piernas de pan,
sus anchos labios, su palabra roja
continúen la piel del alabastro:
que su corazón muerto
cante rodando y baje
con las piedras del río
hacia el océano.


El cuadrado al cristal llega cayendo
desde su simetría:
aquel que abre las puertas de la tierra
halla en la oscuridad, claro y completo,
la luz de este sistema transparente.

El cubo de la sal, los triangulares
dedos del cuarzo: el agua lineal
de los diamantes: el laberinto
del azufre y su gótico esplendor:
adentro de la nuez de la amatista
la multiplicación de los rectángulos:
todo esto hallé debajo de la tierra;
geometría enterrada:
escuela de la sal: orden del fuego.


Hay que hablar claro de las piedras claras,
de las piedras oscuras,
de la roca ancestral, del rayo azul
que quedó prisionero en el zafiro,
del peñasco estatuario en su grandeza
irregular, del vuelo submarino,
de la esmeralda con su incendio verde.

Ahora bien, el guijarro
o la mercadería fulgurante,
el relámpago virgen del rubí
o la ola congelada de la cosía
o el secreto azabache que escogió
el brillo negativo de la sombra,
pregunto yo, mortal, perecedero,
de qué madre llegaron, de qué esperma
volcánica, oceánica, fluvial,
de qué flora anterior, de cuál aroma,
interrumpido por la luz glacial?
Yo soy de aquellos hombres transitorios
que huyendo del amor en el amor
se quedaron quemados, repartidos
en carne y besos, en palabras negras
que se comió la sombra:
no soy capaz para tantos misterios:
abro los ojos y no veo nada:
toco la tierra y continúo el viaje
mientras fogata o flor, aroma o agua,
se transforman en razas de cristal,
se eternizan en obras de la luz.


Allá voy, allá voy, piedras, esperen!

Alguna vez o voz o tiempo
podemos estar juntos o ser juntos,
vivir, morir en ese gran silencio
de la dureza, madre del fulgor.

Alguna vez corriendo
por fuego de volcán o uva del río
o propaganda fiel de la frescura
o caminara inmóvil en la nieve
o polvo derribado en las provincias
de los desiertos, polvareda
de metales,
o aún más lejos, polar, patria de piedra,
zafiro helado,
antártica,
en este punto o puerto o parto o muerte
piedra seremos, noche sin banderas,
amor inmóvil, fulgor infinito,
luz de la eternidad, fuego enterrado,
orgullo condenado a su energía,
única estrella que nos pertenece.


GEOGRAFÍA INFRUCTUOSA

 


Geografía infructuosa
[1969-1972]


El sol

A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.

Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.

Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio.

Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar.

Otra vez, ya se sabe, y para siempre
sumo y agrego luz al patriotismo:
mis deberes son duramente diurnos:
debo entregar y abrir nuevas ventanas,
establecer la claridad invicta
y aunque no me comprendan, continuar
mi propaganda de cristalería.

No sé por qué le toca a un enlutado
de origen, a un producto del invierno,
a un provinciano con olor a lluvia
esta reverberante profesión.

A veces pienso imitar la humildad
y pedir que perdonen mi alegría
pero no tengo tiempo: es necesario
llegar temprano y correr a otra parte
sin más motivo que la luz de hoy,
mi propia luz o la luz de la noche:
y cuando ya extendí la claridad
en ese punto o en otro cualquiera
me dicen que está oscuro en el Perú,
que no salió la luz en Patagonia.

Y sin poder dormir debo partir:
para qué aprendería a transparente!

Hoy, este abierto mediodía vuela.
con todas las abejas de la luz:
es una sola copa la distancia,
el territorio claro de mi vida.

Y brilla el sol hacia Valparaíso.


Ser

Soy de anteayer como todo rumiante
que mastica el pasado todo el día.
¿Y qué pasado? Nadie
sino uno mismo, nada
sino un sabor
de asado y vino negro callado
para unos,
para otros de sangre
o de jazmines.

Yo eres el resumen
de lo que viviré, garganta o rosa,
coral gregario o toro,
pulsante ir y venir por las afueras
y por los adentros:
nadie invariable, eterno
solo porque la muchedumbre de los muertos,
de los que vivirán, de los que viven,
tienen atribuciones en ti mismo,
se continúan como un hilo roto
que sigue entrecortándose y siguiendo
de una vida a la otra, sin que nadie
asuma tanta esperma derramada:
polen ardiente, sexo, quemadura,
paternidad de todo lo que canta.

Ay yo no traje un signo
como corona sobre mí cabeza:
fui un pobre ser: soy un orgullo inútil,
un seré victorioso y derrotado.


 

 


Sucesivo


Así pues enseñémonos,
mostremos cada uno su recodo,
su canasto con peces:
aún palpita la piara
que recoges del agua,
aún vive el fuego
encendido en los otros (que es el tuyo):
examinemos sin tristeza el robo
que nos hicimos paulatinamente
y el regalo de todos que nos dimos-

Lo sucesivo que tiene la vida
es este ir y venir de los iguales:
Muerte a la identidad, dice la vida:
cada uno es el otro, y despedimos
un cuerpo para entrar en otro cuerpo.

Hombres: nos habitamos mutuamente
y nos gastamos unos a los Otros,
desconocidos e irreconciliables
como colores que se contradicen
y se reúnen en la oscuridad.

Oh amamantad ora sobre sombra,
arcilla, patria negra
que reproduce el infinito humano,
el corazón innumerable, el río
de individuos con nombre y con corbata,
con número y congoja,
latitudes pobladas de caderas,
compañeros cobrizos, hembras verdes,
razas hostiles, labios migratorios;
seres sabrosos para todo el orbe.


Todos sentados


El hombre caminando hacia, la silla:
desde aquel horizonte hasta esta noche,
desde más lejos, desde más cerca:
un paso más hasta llegar a ella,
a la silla, a sentarse en desconsuelo
o en la dicha, a sentarse a plena luz
o a comer entre todos los sentados.

No hay elección como ésta: vive el aire
sentado en esta silla de la tierra,
y cada amanecer conduce a todos
a la postura que te da una silla,
una sencilla silla de madera.

De tanto ir y romper, de tanta furia
y de cuanto se vio de amaneceres
o cazadores despuntando el día
a plena pólvora y con selva oscura,
todo termina en silla y ceremonia:
la parábola se abre para irse
hasta que se cerró sobre una silla.

No hay nadie más andando en este mundo.

 



A numerarse


Hoy es el veintisiete, un veintisiete.

¿Quién numeró los días?

¿De qué se trata?

Yo
pregunto
en este mundo, en esta tierra, en este
siglo, en este tiempo,
en esta vida numeral, por qué,
por qué nos ordenaron, nos sumieron
en cantidades, y nos dividieron
la luz de cada día,
la lluvia del invierno,
el pan del sol de todos los veranos,
las semillas, los trenes,
el silencio,
la muerte con sus casas numeradas
en los inmensos cementerios blancos,
las calles con hileras.
Cada uno a su número
gritan no solo aquellos infernales
de campamento y horno,
sino las deliciosas,
impostergables brunas
o azucaradas rubias:
nos enrollan en números que pronto
se caen de sus listas al olvido.
Yo me llamo trescientos,
cuarenta y seis, o siete,
con humildad voy arreglando cuentas
hasta llegar a cero, y despedirme.


Posesiones


El brillo
del cristal desprendido y sorprendido
sería un pez moviéndose en el cielo
si no llegara al establecimiento:
es bueno el pan o el sol sobre tu mesa:
hay que tener el mar en una copa:
la rosa en libertad es mi enemiga.
Tener palabra y libro, boca y ojos,
tener razón y luna, hallar
la silla fresca cuando tienes sombra,
el agua tuya para tu propia sed.

Yo busqué por los montes y las calles
las evidencias de mi propiedad,
muchas veces más claras que el rocío,
otras veces amargamente hostiles:
con arañas y espigas,
piedra, fulgor, caderas,
prodigios forestales o industriales,
vinos de honor, palomas, bicicletas:
agrupé los menajes
de mi sabiduría
fui siempre fugitivo y posesivo,
amé y amé y amé lo que era mío
y así fui descubriendo la existencia,
uva por uva me fui haciendo dueño
de todas las ventanas de este mundo-


Sonata con dolores


Cada vez resurrecto
entrando en agonía y alegría,
muriendo de una vez
y no muriendo,
así es, es así y es otra vez así.

El golpe que te dieron
lo repartiste alrededor de tu alma,
lo dejaste caer de ropa en ropa
manchando los vestuarios
con huellas digitales
de los dolores que te destinaron
y que a ti solo te pertenecían-

Ay, mientras tú caías
en la grieta terrible,
la boca que buscabas
para vivir y compartir tus besos
allí cayó, contigo, con tu sombra
en la abertura destinada a ti.

Porque, por qué, por qué le destinaste
corona y compañía en el suplicio,
por qué se atribuyó la flor azul
la participación de tu quebranto?

Y un día de dolores como espadas
se repartió desde tu propia herida?
Sí, sobrevives. Sí, sobrevivimos
en lo imborrable, haciendo
de muchas vidas una cicatriz,
de tanta hoguera una ceniza amarga,
y de tantas campanas
un latido, un sonido bajo el mar.


Soliloquio inconcluso


Al azar de la luz
de la distancia,
me envuelvo en esto mismo, en mi razón,
en la sinceridad de mi albedrío
y cuando salgo ya a decirme adiós
me encuentro con el mismo,
con yo, con este soy que me esperaba
y que no quiere despedirse nunca.

Adiós, adiós, le digo
y toma el mismo paso que yo dejo
y recomienza con las manos mías
a buscar en la arena o en la sombra
mis propios materiales inconclusos.

Me seguí por las mesas y los mares
de jardín en jardín, de vino en vino,
sin sorprenderme de mi identidad:
envidiándome a veces, despreciándome,
sin justificativo ni evidencia:
empeñado en la más oscura sal.
como en una estación de tantos trenes
que uno toma el de ayer, el que no existe.

No es raro que ante el hombre, el uno solo,
multiplicado, longitudinal,
el que acumula sol en su granero,
luna extendida, espadas torrenciales,
el viajero hacia donde y hacia adentro,
siempre en su ser, resplandeciente y duro,
el hombre que seré, que fui, que soy,
ante el perecedero imperecible
se pare el más reciente
con un hueso sarnoso en el hocico
y te ladre algún chacal precario,
encadenado a su amargura, amarga.

De mar a mediodía hay un transcurso
que no por ser destello es inasible
sino por ser fragancia:
olor del tiempo, estrella enardecida
por las repeticiones de la espuma
y en ese cascabel descabellado
sigo siendo mi próximo testigo.

No solo son los ojos
los que integran
la infinita limpieza, el sano cielo,
los matorrales, la salud silvestre,
sino el ir y venir de tus trabajos:
y este recomenzarte cada día,
alcanzarte cansada y renacerte,
vivirte una vez más y continuarte
volcando sombra y sangre, tierra y tierra
en lo que te tocó para sembrar,
para cavar y para cosechar,
para parir y para continuar
tu ayer y tu seguir en este mundo.


Cerezas


Sucedió en ese mes y en esa patria.

Aquello que pasó fue inesperado,
pero así fue: de un día al otro día
aquel país se llenó de cerezas.

Era recalcitrante
el tiempo masculino desollado
por el beso polar: nadie supone
lo que yo recogía en las tinieblas
(metales muertos, huesos de volcanes)
(silencios tan oscuros
que vendaban los ojos de las islas)
y ya entre los peñascos
se dio por descontado el laberinto
sin mas salida que la nieve
cuando llegó sin advertencia previa
un viento de panales que traía
el color que buscaban las banderas.

De cereza en cereza cambia el mundo.

Y si alguien duda
pido a quien corresponda que examinen
mi voluntad, mi pecho transparente,
porque aunque el viento se llevó el verano
dispongo de cerezas escondidas.


A José Caballero, desde entonces


Dejé de ver a tantas gentes,
por qué?

Se disolvieron en el tiempo.
Se fueron haciendo invisibles.

Tantas cosas que ya no veo,
que no me ven. Y por qué?

Aquellos barrios con barricas
y cuerdas y quesos flotantes
en los suburbios del aceite.

Dejé la calle de la Luna
y la taberna, de Pascual.

Dejé de ver a Federico.
Por qué?

Y Miguel Hernández cayó
como piedra dura en el agua,
en el agua dura.

También Miguel es invisible.

De cuanto amé, qué pocas cosas
me van quedando para ver,
para tocar,
para vivir.

Por qué dejé de ver el frío
del mes de enero, como un lobo
que venía de Guadarrama
a lamerme con una lengua,
a cortarme con su cuchillos
Por qué?

Por qué no veo a Caballero,
pintor terrestre y celestial,
con una mano en la tristeza
y la otra mano en la luz

A ése lo veo.

Tal vez más entrado en la tierra,
en el color, en el silencio,
enamorado, anaranjado,
viviendo un sol sobreviviente.

Así es.

A través de el veo la vida
que dejé de ver para nunca.
La dicha que yo no perdí
(porque aprendí después las cosas
luchando).

A través de su tinta ardiente
y de su arcilla delirante,
a través del puro fulgor
que lo delata,

veo lo que amé y no perdí,
y sigo amando:
calles, tierras, dulzura, frío,
la sepulcral Plaza Mayor,
el tiempo con su Sarga copa:

Y en el suelo una rosa blanca,
ensangrentada.


Troncos cortados sobre un camión
en un camino de Chile


Ocho troncos cortados
en un camión, de viaje:
de la montaña vienen,
vienen del verde duro
de Lonquimay, tierras de cielo y nieve,
mis recintos de luz, mis soledades.

Oh moribundos bosques,
follajes fríos, vértebras penúltimas
del ayer iracundo:
de la guerra española y araucana:
espadas y caballos
bajo la sorda lluvia rencorosa!

Ocho troncos tendidos
a lomo de camión, en línea recta
por los caminos de Santiago al Polo,
al Polo Sur, a la distancia blanca.
Ocho mis compañeros
de raíces cortadas
en mi propio linaje.

Hay sol, es una feria
florida, al sol, la agricultura
de un verano violento:
violeta y amarillo es el camino,
azul el obelisco
del digitalís,
el estampido
de la amapola, y por todas partes
una persecución de zarzamoras.

Es el verano de las cordilleras.

El mediodía es un reloj azul
estático, redondo, atravesado
por el lento
vuelo de un ave negra que parece
acompañar los troncos en su viaje,
seguir los árboles destituidos.


Siempre por los caminos


Amanecí nublado
entre Metronco y Villarrica, andando,
con campo adentro, robles, animales,
y el corazón nublado,
metido bajo extensas nubes verdes,
nubes lluviosas, negra geografía.

Hay que morder silencio
en las mañanas, por estos caminos
con caballos echados, transparentes
bajo la luz oblicua
mientras el sol de ayer, el de mañana
viven en otra parte,
por otras tierras adonde no estoy,
en la otra mitad del mismo día.

Y escogí esta ceniza,
esta mañana de ojos plateados
adentro de mí mismo:
yo continué los ríos pedregosos
y las vacilaciones de la luz:
amaneciendo
entre el sol y mis ojos se abrían,
entre este territorio y mi destino
se dispuso la llave de la lluvia.

Y abrió sus cerraduras el invierno.


Sigue lo mismo


Es tarde y es temprano a cada hora:
a cada resplandor, a cada sombra
nos amanece cada atardecer:
el tiempo inmóvil
enmascara
su rostro inevitable
y muda sin cambiar su vestidura:
noche o delgada aurora,
largo silencio de los ventisqueros,
manzana arrebolada del estío:
todo es tan pasajero como el viento:
el tiempo aguarda, inmóvil;
sin color ni calor, sin sol ni estrella:
y es este absolutismo el que nos reina:

adiós! adiós! Y no se altera nada.


Pero tal vez


Sí, no se altera nada pero tal vez se altera
algo, una brizna, el aire, la vida, o en fin, todo,
y cuando ya cambió todo ha cambiado,
se ha ido también, con nombre y huesos.

Bien, bien, un día más: qué grande es esto:
como saltar en un nuevo vacío
o en otros unos mas, en otro
reino de pasajeros: el asunto
nunca termina cuando ha terminado
y cuando comenzó no estás presente.

Y por qué tanta flor, tanto linaje
vegetal extendido, levantando
pistilos, polen, luz, insectos, luna
y nuestros pies y nuestras bocas llenas
de palabras, de polvo
perecedero,
aquí embarcados, aquí desarrollados
a plena deliciosa luz de cielo?

¿Y por qué? ¿Para qué? ¿Pero por qué?

 



Hacia tan lejos


A la Isla de Pascua y sus presencias
salgo, saciado de puertas y calles
a buscar algo que allí no perdí.

El mes de enero, seco
se parece a una espiga:
cuelga de Chile su luz amarilla
hasta que el mar lo borre
y yo salga otra vez a regresar.

(Estatuas que la noche construyó
y desgranó en un circulo cerrado
para que no las viera sino el mar.)

Viajé a recuperarías, a erigirlas
en mi domicilio desaparecido,
y aquí rodeado de presencias grises,
de blancura espacial, de movimiento
azul, agua marina, nubes, piedra,
recomienzo las vidas de mí vida.


De viajes


El aparente mar, el mar redondo
del navío, sin alas,
liso, extendido en el final del día,
y yo, yo que soy tu, yo que no soy,
ensimismado pasajero, raza
de honor gastado en piedras y arenales,
aquí esperando a la misma hora siempre
la tiniebla de cada día.

Porque, después de todo o antes de eso
qué hay entre luz y luz sino el transcurso?

Y cada día con su copa abierta
nos entrega y nos roba claridad
hasta que naufragamos en la sombra
con el navio y con los pasajeros,
con el pequeño mundo de aquel día.

Hasta mañana, rayo.

Hasta la luz, noche sombría.

Hasta verte otra vez alrededor,
cielo del día, cinturón del mar,
hasta ser otra vez y transcurrir
de nuevo dirigidos
por voluntad del sol o de la sombra.



Sonata de Montevideo


Cuando brotaba sangre
de la ciudad, por grietas
se deslizaba, inmóvil
como un lagarto lento,
y en cada casa de Montevideo
algún tipo de duelo, de odio, de error, de duda,
de recelo, de honor o de terror
cundía sin que nadie pareciera
cerca del fin, de algún final, y todos
callaban o iban ciegos mirándose,
iban ciegos callándose
o con ojos abiertos sin saber dónde iban,
los secuestrados, los secuestradores,
con madres en pena por un lado y otro,
con asesinos, con asesinados,
en casas rotas que se desangraban
de irse quedando tantas veces heridas
o colas de pescado y revoltijo
de papeles y barro, arena, cáscaras
de cebolla, sombreros perdidos, fruta muerta
como si a la orgullosa, a al ciudad de largos peces
plateados como espadas, le hubiera caído una nube
que no se abría, que no dejaba lluvia
sino una sombra seca, de cartón que cruje,
una nube opresora que tal vez
no bajó de arriba sino que subió de abajo,
del amor polvoriento, de la tierra pelada,
de las habitaciones que nunca tuvieron tiempo
para la dicha: aquella nube en verdad
la toqué viniendo de mi país, al pasar,
y pensé que el martirio del hombre es la transición,
la tierra de nadie en que cuatro pies avanzan,
dos de cada lado, dos pies, seguidos de dos manos,
seguidos de dos ojos ciegos que se quieren matar.

Oh tiempo que me ha tocado compartir con mi enemigo
y con mí amigo, hora amarga
entre todas las horas que se me destinaron:
te repites aquí, en un viaje, entre las cordilleras y el dolor
como si mi destino, para llegar al mar,
fuera absorber el luto
de los remotos y de los cercanos,
como el pan mojado por las lágrimas.

Por eso, atlántico mar, cerca de Santos,
agradezco tu día sosegado:
un ancho huevo azul es el espacio, una copa
volcada, transparente; y el mar parece duro
en la verdad de su infinito rostro.

(Sí, gracias, intranquila permanencia,
naturaleza al fin, rosa insalvable
otra vez pura, imperecedera tal vez,
inalcanzada por el conflicto terrestre,
humana o inhumana, sin manchas de odio o amor,
sin lucha justa, sin esperanza y sin sangre.)


Paisaje en el mar


El rey azul es un día elevado
sobre el mar, sobre codos los navíos,
un rey inaccesible
duro en su molde,
impersonal, remoto
como una nube, como una mirada
y todo lo demás es cuerpo y ojos,
cuerpo celeste, párpado del cielo,
copa intachable de su vino azul.


A plena ola


Es muy serio el viento del mes de marzo en el océano:
sin miedo: es día claro, sol ilustre,
yo con mil otros encima del mar
en la nave italiana que retorna a Nápoles

Tal vez trajeron todos sus infidelidades,
enfermedades, tristes papeles, deudas, lágrimas,
dineros y derrotas en los números:
pero aquí arriba es difícil jugar con la razón
o complacerse con las desdichas ajenas
o mantenerse heridos por angas o por mangas:
hay tal ventolera que no se puede sufrir:
y como no veníamos preparados
aun para ser felices, aún y sin embargo
y subimos puentes y escalas para reflexionar,
el viento nos borró la cabeza, es extraño:
de inmediato sentimos que estábamos mejor:
sin cabeza se puede discutir con el viento.

A todos, melancólicos de mi especialidad,
los que inútilmente cargamos con pesadumbre propia
y ajena, los que pensamos tanto en las pequeñas cosas
hasta que crecen y son más grandes que nosotros,
a todos recomiendo mi claro tratamiento:
la higiene azul del viento en un día de sol,
un golpe de aire furioso y repetido
en el espacio atlántico sobre un barco en el mar,
dejando sí constancia de que la salud física
no es mi tema: es el alma mi cuidado:
quiero que las pequeñas cosas que nos desgarran
sigan siendo pequeñas, impares y solubles
para que cuando nos abandone el viento
veamos frente a frente lo invisible.


Invierno en Europa


Hacia el mes de noviembre me dirigí, con sombrero,
enguantado.
Era invierno, en el país de Francia.

No fui a buscar razones, ni la verdad ni la sombra.

Lo primero que hallé fue una señora frágil
que volvía de Chile, fatigada:
en un camino cerca de Isla Negra
un tal Montiel (que lo parta un rayo)
casi la sucumbió con su automóvil.

Ahora con su bello rostro levantino, afilado
por el dolor, sus ojos
aún viajaban conmigo como dos lámparas negras:
siguieron encendidos a través del invierno.

Nadie ha viajado como yo por la bruma
entre las últimas hojas doradas
y al cielo frío y blanco, conducido
por dos ojos de dama moribunda-

Solo la hiedra pertinaz
conservaba su triste grito verde
subiendo desde el suelo por los árboles:
los bosques eran solo líneas secas
que se desvanecían en la bruma.

Yo buscaba las letras del nombre de noviembre.


Nace un día


Era de ventana cerrada el día,
era de noche aún, era de piedra
cuando fui despenando,
cuando fue despertando
el sonido de aquél, del cada día,
el sonido del sol,
y me di cuenta, casi aún dormido,
que yo era la campana de color,
el despertar amarillo.


El campanario de Authenay


Contra la claridad de la pradera
un campanario negro.

Salta desde la iglesia triangular:
pizarra y simetría.

Mínima iglesia en la suave extensión
como para que rece una paloma.

La pura voluntad de un campanario
contra el cielo de invierno.

La rectitud divina de la flecha
dura como una espada

con el metal de un gallo tempestuoso
volando en la veleta.

(No la nostalgia, es el orgullo
nuestro vestido pasajero

y el follaje que nos cubría
cae a los pies del campanario.

Este orden puro que se eleva
sostiene su sistema gris

en el desnudo poderío
de la estación color de lluvia.

Aquí el hombre estuvo y se fue:
dejó su deber en la altura,

y regresó a los elementos,
al agua de la geografía.

Así pude ser y no pude,
así no aprendí mis deberes:

me quedé donde todo el mundo
mirara mis manos vacías:

las construcciones que no hice:
mi corazón, deshabitado:

mientras oscuras herramientas,
brazos grises, manos oscuras

levantaban la rectitud
de un campanario y de una flecha.

Ay lo que traje yo a la tierra
lo dispersé sin fundamento,

no levanté sino las nubes
y solo anduve con el humo

sin saber que de piedra oscura
se levantaba la pureza

en anteriores territorios,
en el invierno indiferente.)

Oh asombro vertical en la pradera
húmeda y extendida:

una delgada dirección de aguja
exacta, sobre el cielo.

Cuántas veces de todo aquel paisaje,
árboles y terrones

en la infinita estrella horizontal
de la terrestre Normandía,

por nieve o lluvia o corazón cansado,
de tanto ir y venir por el mundo,

se quedaron mis ojos amarrados
al campanario de Authenay,

a la estructura de la voluntad
sobre los dominios dispersos

de la tierra que no tiene palabras
y de mi propia vida.

En la interrogación de la pradera
y mis atónitos, dolores

una presencia inmóvil rodeada
por la pradera y el silencio:

la flecha de una pobre torre oscura
sosteniendo un gallo en el cielo.


País


Yo vivo ahora en un país tan suave
como la piel otoñal de las uvas:
verde blanco y violeta es este tiempo:
el sol se fue hace rato y no regresa:
los árboles desnudos se dibujan
levantando el fulgor penúltimo en sus copas:
la voz de los poetas corre por las alfombras:
nada se clava en tus ojos para herirte:
nadie desobedece a la dulzura.

Yo habito ahora la delicadeza
de grandes ríos inmóviles, de riberas
pintadas por los años más ciaros y tenaces:
todos los dramas se terminaron antes:
las guerras se enterraron por un pacto
entre el honor y el olvido:
nadie tiene derecho al martirio ni al hambre:
hay que entrar a la casa dorada del otoño.


La morada siguiente


Volviendo a la madera, por el mes del frío,
en diciembre, en Europa, con el sol
escondido, enfundado en su ropaje
de nube y nieve, me esperaba
la morada siguiente:
grandes ventanas hacia el agua inmóvil
y grandes vigas amigas del humo.

Tal vez me destinó o me destinaron
entre tantos quién sabes
a esta penúltima vez, a esta enramada
de árboles milenarios que murieron
y otra vez verticales
levantaron con piedras y con pájaros
y árboles despojados por el frío
esta casa, este espacio
para que el viejo errante se durmiera
sabiendo que temprano la mañana
blanca, de nieve, es verdadera,
sin ciudad, en un pobre caserío:
la mañana desnuda está entreabierta
como una fruta fría y verdadera.

La verdad tiene rostro:
de agua y madera son sus ojos,
de nieve son sus dientes:
sonríe al sol celeste y a la lluvia:
hay que buscarla:
el cuerpo de la vida se desliza
entre un amanecer de infancia, lejos,
camas y cines, trenes,
salas de clase, fábricas, hoteles,
oficinas, cuarteles,
y entre ir y volver se va la vida
escondiendo los pies y la mirada.

Por eso hay que pararse, de repente,
oler la piedra, tocar la madera,
atravesar la escarcha:
establecer por fin nuestra evidencia:
existir sin razones ni sentido
en esta desnudez de la mañana
que ya la tarde vestirá de negro.

(Aquí entre la madera y la madera
rodeado de silenciosa pureza
siento el espacio una vez más seguirme
y circundarme, abierto
hasta tal vez el mar, tal vez el cielo,
en el centro de un círculo habitado
por troncos sin follaje, por las líneas
que el invierno dibuja, por el vuelo
rápido y seco de unas aves grises,
yo vuelvo a ser, vuelvo a reconocerme,
estático tal vez, no sin fatiga,
pero fresco y metálico,
seguro de ser árbol y campana.)


Fuga de sol


Hacia países donde crece la mostaza,
regiones rubias, vegetales, ácidos,
debemos ir, nosotros, los dormidos,
a contagiarnos: es hora, AiiLonicio,
de cambiar el papel ferruginoso
que nos impuso el día en que nacimos,
aquel día de hierro,
aquella estrella de carbón quemado
que nos dio nacimientos y dolores:
ay hacia el sol picante, hacia la dicha
llevemos nuestros corazones negros:
ya es hora de ir descalzos
a pisar las cebollas,
los berros, los nenúfares:
alguna vez hay que dejar de ver
el mundo con mirada mineral
y prosternarse ante la sencillez
de la vida más verde que alcancemos.


Primer invierno


Yo observo el día como si lo criara,
como sí yo lo hubiera dado a luz
desde que llega, oscuro, a mi ventana
como un pájaro negro
hasta que convertido en nieve y luz
palpita apenas: vive.

Vive el sol indeciso: es su destino
aclarar estos árboles desnudos,
tocar el agua inmóvil,
gravitar sin medida, sin lenguaje,
sin peso, hasta que la boca
del cielo se lo traga
sin que destellen a la luz del frío
las plumas que volaron desde ayer
hasta volver mañana a mi ventana.


El mismo siempre


De las melancolías que consumí hasta llegar a joven
me dejé para mí, como un coleccionista, las mejores tristezas,
aquellas sin ton ni son, las inseparables del alma,
las que se parecen al vapor de la mañana de abril en los árboles.

No son exactamente residuos de la edad
aquellas nubes desgarradoras, aquellas amapolas amargas
sino más bien el complemento terrenal de la vida:
el corazón deshabitado que siente un ruido oscuro
como si entrara el viejo viento después de la lluvia
por una ventana que sin explicación alguna, se quedó sin cerrar.

Porque si separamos los verdaderos maleficios, los golpes
que destrozaron vísceras o vértebras, si pudimos
apartar la desdicha, la aflicción, el tormento,
así como la envidia, los celos, la agresión,
guardamos las raíces del llamo pasajero,
esta niebla mojada por la melancolía
como una duradera sustancia inseparable,
rechazo, condición de la energía.

Así pues yo me envuelvo en mi destino
sin extraviar aquella capa recalcitrante,
honor de la desnuda primavera,
y seguro de ser, firme en mí duración,
inextinguible, vivo mis besos más antiguos,
tengo aún en los labios un sabor
a luna llena errante, la más lejana, aquella
que viajaba en el cielo como una novia muerta
en la noche salvaje de Temuco.


No sé cómo me llamo


Hasta cuándo este yo, me preguntaba a todos,
qué cansado está uno
de ser el mismo ser, con nombre y número,
con un silencio nuevo
de olvidado reloj o de herramienta
de empuñadura usada por la mano.

La muerte cae
sobre la identidad y al fin descansan
no solo las rodillas y las venas
sino este nombre nuestro
tan traído y llevado y escupido
como un pobre soldado
medio muerto entre el barro y la batalla.

Yo recuerdo aquel día
en que perdí mis tres primeros nombres
y las palabras que pertenecían
a quién? a mí? o a los antepasados?

Lo cierto es que no quise cuenta ajena
y creí inaugurarme:
darme apellido, nombrarme a mí mismo
y crecer en mi propia levadura.

Pero así entre dulzura y ajetreo
el cuerpo largo, el rayo intermitente
de la vida
se deslizó gastando mi cintura
y encontré que ya todos me llamaban,
todos le arremetían a mi nombre:
algunos lo arañaban
en el senado con escarbadientes,
otros agujereaban mí estatura
como si yo fuera hecho de queso:
no me sirvió mi máscara nocturna,
mi vocación silvestre.
Y me sentí desnudo
después de tantas condecoraciones,
listo para volver de donde vine,
a la humedad del subsuelo.

No hay piedad para el hombre entre los hombres,
y aunque escondas los ojos serás visto,
oído aunque no hables,
no serás invisible,
no seguirás intacto:
tus nombres te delatan
y te muerden tos dientes del camino.


Felicidad


Sin duda, sí, contesto
sin que nadie pregunte y me pregunte:
lo bueno es ya sin interrogaciones,
sin compromiso, responder
a nuestra sombra lenta y sucesiva.

Sí, en este tiempo mío, en esta historia
de puerta personal, acumulé
no el desvarío sino la nostalgia
y la enterré en la casa de cemento:
duelo o dolor de ayer no me acompañan
porque no solo se mueren los huesos,
la piel, los ojos, la palabra, el humo,
sino también el llanta devorado
por las sesenta bocas de la vida.

Así de lo que de uno en otro sitio
guardé -tristeza o súbita amargura-
la devolví cual pesca temblorosa
al mar, al mar, y me acosté desnudo.

Ésta es la explicación de mi ventura:
yo tengo el sueño duro de la piedra.


El cobarde


Y ahora, a dolerme el alma y todo el cuerpo,
a gritar, a escondernos en el pozo
de la infancia, con miedo y ventarrón:
hoy nos trajo el sol joven del invierno
una gota de sangre, un signo amargo
y ya se acabó todo: no hay remedio,
no hay mundo, ni bandera prometida;
basta una herida para derribarte:
con una sola letra
te mata el alfabeto de la muerte,
un solo pétalo del gran dolor humano
cae en mi orina y crees
que el mundo se desangra.

Así, con sol frío de Francia, en mes de marzo,
a fines del invierno dibujado
por negros árboles de la Normandía
con el cielo entreabierto ya al destello
de dulces días, flores venideras,
yo encogido, sin calles ni vitrinas,
callada mi campana de cristal,
con mi pequeña espina lastimosa
voy sin vivir, ya mineralizado,
inmóvil esperando la agonía,
mientras florece el territorio azul
predestinado de la primavera.

Mi verdad o mi fábula revelan
que es más tenaz que el hombre
el ejercicio de la cobardía.


Al frío


Frío en la cara entre árboles sin hojas
por caminos brillantes
de hora blanca y escarcha matutina!

Frío de manos puras, corazón salvaje
gritándome en los ojos
un grito que no ahoga
la inmóvil ecuación
que el cielo y la pradera establecieron:
la doctrina infinita del invierno:
luz reprimida en la extensión del día
blanco como un pez muerto:
solo el frío es acción: el frío vive.

Ay, acaricia aún la tierra
antes que la visita del verano
imponga su letárgica amapola!
Saca el cuchillo y que restalle
tu escalofrío eléctrico
sobre cuerpos cobardes
y almas acurrucadas en el sueño!

Oh frío, ala de piedra,
recóbrame,
devuélveme
tu copa de energía y amenaza,
lo que el placer o la ternura roban:
tu frente a frente dándome en los ojos,
viral, mortal, indómito enemigo!


Donde se escoge el pasado


Es hacia atrás este hoy, hacia el recuerdo,
hacía un tal vez, hacia un no fue tal vez
con todo lo que en el pasado se pierde:
aquel anillo, aquel aroma, aquella
dulzura sin palabras que perdimos.

Porque si yo me pongo a recordar
voy sin saber por una casa oscura
sin mirada, perdido en antesalas,
corredores, paredes, dormitorios
y ya no hay nadie, todo sigue oscuro,
alguien se fue de mis recuerdos
y no salgo de aquella oscuridad:
no tengo arte ninguno
que me devuelva con exactitud
un corazón, un cuerpo que me amó.

Por eso, de lo que así recojo,
sí se trata de ayer,
mis manos buscan bosques o guitarras
o tambores de tristes fiestas que se olvidaron
o serenatas largas de la lluvia
en un puerro, en el desembarcadero
sin que tampoco yo esperara a nadie
ni me fuera a embarcar a parte alguna.

Lo que me pasa o pasa es que este ayer,
este anteayer hacia el que salgo
como a entrar a un mercado que no existe
no tiene personajes ni manzanas,
se fueron todas, todos los que entraban:
los que salían no volvieron más
como si hubiera un agujero, un pozo
al que saliendo de anteayer a hoy
fueron cayendo todos uno a uno.

Así pues ya no acostumbro, ahora,
entrar en calles desaparecidas
alcoba por alcoba, a buscar muertos
o mujeres borradas por la lluvia:
no hay pasado en aquellos edificios:
vuelven las redes desde el mar vacío:
las ciudades trituran sus recuerdos
en el hacinadero del olvido
y nadie deja un beso en el desván:
los ascensores lo molieron todo
machacando con solo es de molino
el tiempo tristemente derramado.

En cambio en aquel sitio
sin nadie, con océano y arena,
perdido, con mi traje
de soledad, mirando
sin ver, lo más lejano
en la distancia que borra las flores,
allí soy, continuo,
como si el tiempo hubiera detenido
en lo remoto mi fotografía
apasionada en su inmovilidad.


 


El sobreviviente saluda a los pájaros


Fundé con pájaros y gritos de sol la morada:
temprano a la hora del manantial, salí al frío
a ver los materiales del crecimiento: olores
de lodo y sombra, medallas que la noche dejó
sobre los temblorosos follajes y la hierba-

Salí vestido de agua, me extendí como un río
hacia el horizonte que los más antiguos geógrafos
tomaron como final del presupuesto terrestre:
yo fui entre las raíces, bañando con palabras
las piedras, resonando como un metal del mar.

Hablé con el escarabajo y aprendí
su idioma tricolor, de la tortuga
examiné paciencia convexa y albedrío, encontré
un animal recién miniado al silencio:
era un vertebrado que venía de entonces,
de la profundidad, del tiempo sumergido.

Tuve que reunir los pájaros, cercar
territorios a fuerza de plumajes, de voces
hasta que pude establecerme en la tierra.

Si bien mi profesión de campana
se probó a la intemperie, desde mi nacimiento
esta experiencia fue decisiva en mi vida:
dejé la tierra inmóvil: me repartí en fragmentos
que entraban y salían de otras vidas,
formé parte del pan y la madera,
del agua subterránea, del fuego mineral:
tanto aprendí que puse mi morada
a la disposición de cuanto crece:
no hay edificación como la mía en la selva,
no hay territorio con tantas ventanas,
no hay torre como la que tuve bajo la tierra.

Por eso, si me encuentras ignominiosamente
vestido como todos los demás, en la calle,
si me llamas desde una mesa en un café
y observas que soy torpe, que no te reconozco,
no pienses, no, que soy tu mortal enemigo:
respeta mi remota soberanía, déjame
titubeante, inseguro, salir de las regiones
perdidas, de la tierra que me enseñó a llover,
déjame sacudir el carbón, las arañas,
el silencio: y verás que soy tu hermano.



NOTA DECLARATORIA


El año 1971 fue muy cambiante para mis costumbres. Por eso y por no aparecer enigmático sin razón esencial dejo constancia de desplazamientos, enfermedades, alegrías y melancolías, climas y regiones diferentes que alternan en este libro. Algo fue escrito entre isla Negra y Valparaíso, y en otros caminos de Chile, casi siempre en automóvil, atrapando el paisaje sucesivo.
También en automóvil muchos otros poemas fueron escritos en otoño e invierno por los caminos de la Normandía francesa.

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LA ROSA SEPARADA


La rosa separada
[1971-1972]




Introducción en mi tema


A la Isla de Pascua y sus presencias
salgo, saciado de puertas y calles,
a buscar algo que allí no perdí.

El mes de enero, seco,
se parece a una espiga:
cuelga de Chile su luz amarilla
hasta que el mar lo borra
y yo salgo otra vez, a regresar.

Estatuas que la noche construyó
y desgranó en un círculo cerrado
para que no las viera sino el mar.

(Viajé a recuperarlas, a erigirlas
en mi domicilio desaparecido.)

Y aquí rodeado de presencias grises,
de blancura espacial, de movimiento
azul, agua marina, nubes, piedra,
recomienzo las vidas de mi vida.



Los hombres

Yo soy el peregrino
de Isla de Pascua, el caballero
extraño, vengo a golpear las puertas del silencio:
uno más de los que trae el aire
saltándose en un vuelo todo el mar:
aquí estoy, como los otros pesados peregrinos
que en inglés amamantan y levantan las ruinas:
egregios comensales del turismo, Iguales a Simbad
y a Cristóbal, sin más descubrimiento
que la cuenta del bar,
Me confieso: matamos
los veleros de cinco palos y carne agusanada,
matamos los libros pálidos de marinos menguantes,
nos trasladamos en gansos inmensos de aluminio,
correctamente sentados, bebiendo copas acidas,
descendiendo en hileras de estómagos amables.


Los hombres

Es la verdad del prólogo. Muerte al romanticón,
al experto en las incomunicaciones:
soy igual a la profesora de Colombia,
al rotario de Filadeiña, al comerciante
de Paysandú que juntó plata
para llegar aquí. Llegamos de calles diferentes,
de idiomas desiguales, al Silencio.



La isla

Antigua Rapa Nui, llama sin voz,
perdónanos a nosotros los parlanchines del inundo:
hemos venido de todas partes a escupir en tu lava,
llegamos llenos de conflictos, de divergencias, de sangre,
de llanto y digestiones, de guerras y duraznos,
en pequeñas hileras de inamistad, de sonrisas
hipócritas, reunidos por los dados del cielo
sobre la mesa de tu silencio.

Una vez más llegamos a mancillarte.

Saludo primero al cráter, a Ranu Raraku, a sus párpados
de légamo, a sus viejos labios verdes:
es ancho, y altos muros lo circulan, lo encierran,
pero el agua allá abajo, mezquina, sucia, negra,
vive, se comunica con la muerte
como una iguana inmóvil, soñolienta, escondida.

Yo, aprendiz de volcanes, conocí,
infante aún, las lenguas de Aconcagua,
el vómito encendido del volcán Tronador,
en la noche espantosa vi caer
la luz del Villarrica fulminando las vacas,
torrencial, abrasando plantas y campamentos,
crepitar derribando peñascos en la hoguera.

Pero si aquí me hubiera dejado mi infancia,
en este volcán muerto hace mil años,
en este Ranu Raraku, ombligo de la muerte,
habría aullado de terror y habría obedecido:
habría deslizado mi vida al silencio,
hubiera caído al miedo verde, a la boca del cráter desdentado,
transformándome en légamo, en lenguas de la iguana.

Silencio depositado en la cuenca, terror
de la boca lunaria, hay un minuto, una hora
pesada como si el tiempo detenido
se fuera a convertir en piedra inmensa:
es un momento, pronto
también disuelve el tiempo su nueva estatua imposible
y queda el día inmóvil, como un encarcelado
dentro del cráter, dentro de la cárcel del cráter,
adentro de los ojos de la iguana del cráter.


Los hombres

Somos torpes los transeúntes, nos atropellamos de codos,
de pies, de pantalones, de maletas,
bajamos del tren, del jet, de la nave, bajamos
con arrugados trajes y sombreros funestos.
Somos culpables, somos pecadores,
llegamos de hoteles estancados o de la paz industrial,
ésta es tal vez la última camisa limpia,
perdimos la corbata,
pero aun así, desquiciados, solemnes,
hijos de puta considerados en los mejores ambientes,
o simples taciturnos que no debemos nada a nadie,
somos los mismos y lo mismo frente al tiempo,
frente a la soledad: los pobres hombres
que se ganaron la vida y la muerte trabajando
de manera normal o burotrágica,
sentados o hacinados en las estaciones del metro,
en los barcos, las minas, los centros de estudio, las cárceles,
las universidades, las fábricas de cerveza
(debajo de la ropa la misma piel sedienta)
(el pelo, el mismo pelo, repartido en colores).




La isla

Todas las islas del mar las hizo el viento.

Pero aquí, el coronado, el viento vivo, el primero,
fundó su casa, cerró las alas, vivió:
desde la mínima Rapa Nui repartió sus dominios,
sopló, inundó, manifestó sus dones
hacia el oeste, hacia el este, hacía el espacio unido
hasta que estableció gérmenes puros,
hasta que comenzaron las raíces.


La isla

Oh Melanesia, espiga poderosa,
islas del viento genital, creadas,
luego multiplicadas por el viento.

De arcilla, bosques, barro, de semen que volaba
nació el collar salvaje de los mitos:
Polinesia: pimienta verde, esparcida
en el área del mar por los dedos errantes
del dueño de Rapa Nui, el Señor Viento.
La primera estatua fue de arena mojada,
él la formó y la deshizo alegremente.
La segunda estarna la construyó de sal
y el mar hostil la derribó cantando.
Pero la tercera estatua que hizo el Señor Viento
fue un moai de granito, y éste sobrevivió.

Esta obra que labraron las manos del aire,
los guantes del cielo, la turbulencia azul,
este trabajo hicieron los dedos transparentes:
un torso, la erección del Silencio desnudo,
la mirada secreta de la piedra,
la nariz triangular del ave o de la proa
y en la estatua el prodigio de un retrato:
porque la soledad tiene este rostro,
porque el espacio es esta rectitud sin rincones,
y la distancia es esta claridad del rectángulo.


La isla

Cuando prolíficaron los colosos
y erguidos caminaron
hasta poblar la isla de narices de piedra
y, activos, destinaron descendencia: hijos
del viento y de la lava, nietos
del aire y la ceniza, recorrieron
con grandes pies la isla:
nunca trabajó tanto
la brisa con sus manos,
el ciclón con su crimen,
la persistencia de la Oceanía.

Grandes cabezas puras,
altas de cuello, graves de mirada,
gigantescas mandíbulas erguidas
en el orgullo de su soledad,
presencias,
presencias arrogantes,
preocupadas.

Oh graves dignidades solitarias
quién se atrevió, se atreve
a preguntar, a interrogar
a las estatuas interrogadoras?

Son la interrogación diseminada
que sobrepasa la angostura exacta,
la pequeña cintura de la isla
y se dirige al grande mar, al fondo
del hombre y de su ausencia.

Algunos cuerpos no alcanzaron a erguirse:
sus brazos se quedaron sin forma aún, sellados
en el cráter, durmientes,
acostados aún en la rosa calcárea,
sin levantar los ojos hacia el mar
y las grandes criaturas de sueño horizontal
son las larvas de piedra del misterio:
aquí las dejó el viento cuando huyó de la tierra:
cuando dejó de procrear hijos de lava.


La isla

Los rostros derrotados en el centro,
quebrados y caídos, con sus grandes narices
hundidas en la costra calcárea de la isla,
los gigantes indican a quién? a nadie?
un camino, un extraño camino de gigantes:
allí quedaron rotos cuando avanzaron, cayeron
y allí quedó su peso prodigioso caído,
besando la ceniza sagrada, regresando
al magma natalicio, malheridos, cubiertos
por la luz oceánica, la corta lluvia, el polvo
volcánico, y más tarde
por esta soledad del ombligo del mundo:
la soledad redonda de todo el mar reunido.

Parece extraño ver vivir aquí, dentro
del círculo, contemplar las langostas
róseas, hostiles caer a los cajones
desde las manos de los pescadores,
y éstos, hundir los cuerpos otra vez en el agua
agrediendo las cuevas de su mercadería,
ver las viejas zurcir pantalones gastados
por la pobreza, ver entre follajes

la flor de una doncella sonriendo a sí misma,
al sol, al mediodía tintineante,
a la iglesia del padre Englert, allí enterrado,
sí, sonriendo, llena de esta dicha remota
como un pequeño cántaro que canta.


Los hombres

A nosotros nos enseñaron a respetar la iglesia,
a no toser, a no escupir en el atrio,
a no lavar la ropa en el altar
y no es así: la vida rompe las religiones
y es esta isla en que habitó el Dios Viento
la única iglesia viva y verdadera:
van y vienen las vidas, muriendo y fornicando:
aquí en la isla de Pascua donde todo es altar,
donde todo es taller de lo desconocido,
la mujer amamanta su nueva criatura
sobre las mismas gradas que pisaron sus-dioses.

Aquí, a vivir! Pero también nosotros?
Nosotros, los transeúntes, los equivocados de estrella,
naufragaríamos en la isla como en una laguna,
en un lago en que todas las distancias concluyen,
en la aventura inmóvil más difícil del hombre.

 

 

 

 

Los hombres

Sí, próximos desengañados, antes de regresar
al redil, a la colmena de las tristes abejas,
turistas convencidos de volver, compañeros
de calle negra con casas de antigüedades
y latas de basura, hermanastros
del número treinta y tres mil cuatrocientos veintisiete,
piso sexto, departamento a, be o jota
frente al almacén «Astorquíza, Williams y Compañía»,
sí, pobre hermano mío que eres yo,
ahora que sabemos que no nos quedaremos
aquí, ni condenados, que sabemos
desde hoy, que este esplendor nos queda grande,
la soledad nos aprieta como el traje de un niño
que crece demasiado o como cuando
la oscuridad se apodera del día.


Los hombres

Se ve que hemos nacido para oírnos y vernos,
para medirnos (cuánto saltamos, cuánto ganamos, etcétera),
para ignorarnos (sonriendo), para mentirnos,
para el acuerdo, para la indiferencia o para comer juntos.
Pero que no nos muestre nadie la tierra, adquirimos
olvido, olvido hacia los sueños de aire,
y nos quedó solo un regusto de sangre y polvo
en la lengua: nos tragamos el recuerdo
entre vino y cerveza, lejos, lejos de aquello,
lejos de aquello, de la madre, de la tierra, de la vida.



La isla

Austeros perfiles de cráter labrado, narices
en el triángulo, roseros de dura miel,
silenciosas campanas cuyo sonido
se fue hacia el mar para no regresar, mandíbulas, miradas
de sol inmóvil, reino
de la gran soledad, vestigios
verticales:
yo soy el nuevo, el oscuro,
soy de nuevo el radiante:

he venido tal vez a relucir,
quiero el espacio ígneo
sin pasado, el destello,
la Oceanía, la piedra y el viento
para tocar y ver, para construir de nuevo,
para solicitar de rodillas la castidad del sol,
para cavar con mis pobres manos sangrientas el destino.



Los hombres

Llegamos hasta lejos, hasta lejos
para entender las órbitas de piedra,.
los ojos apagados que aún siguen mirando,
los grandes rostros dispuestos para la eternidad.



Los hombres

Qué lejos, lejos, lejos continuamos,
nos alejamos de las duras máscaras
erigidas en pleno silencio y nos iremos
envueltos en su orgullo, en su distancia.

Y para qué vinimos a la isla?
No será la sonrisa de los hombres floridos,
ni las crepitantes caderas de Ataros la bella,
ni los muchachos a caballo, de ojos impertinentes,
lo que nos llevaremos regresando:
sino un vacío oceánico, una pobre pregunta
con mil contestaciones de labios desdeñosos.



Los hombres

El transeúnte, viajero, el satisfecho,
vuelve a sus ruedas a rodar, a sus aviones,
y se acabó el silencio solemne, es necesario
dejar atrás aquella soledad transparente
de aire lúcido, de agua, de pasto duro y puro,
huir, huir, huir de la sal, del peligro,
del solitario círculo en el agua
desde donde los ojos huecos del mar,
las vértebras, los párpados de las estatuas negras
mordieron al espantado burgués de las ciudades:
Oh Isla de Pascua, no me atrapes,
hay demasiada luz, estás muy lejos,
y cuánta piedra y agua:
too much for me! Nos vamos!



Los hombres

El fatigado, el huérfano
de las multitudes, el yo,
el triturado, el del cemento,
el apátrida de los restaurarles repletos,
el que quería irse más lejos, siempre,
no sabía qué hacer en la isla, quería
y no quería quedarse o volver,
el vacilante, el híbrido, el enredado en sí mismo
aquí no tuvo sirio: la rectitud de piedra,
la mirada infinita del prisma de granito,
la soledad redonda lo expulsaron:
se fue con sus tristezas a otra parte,
regresó a sus natales agonías,
a las indecisiones del frío y del verano.



La isla

Oh torre de la luz, triste hermosura
que dilató en el mar estatuas y collares,
ojo calcáreo, insignia del agua extensa, grito
de petrel enlutado, diente del mar, esposa
del viento de Oceanía, oh rosa separada
del tronco del rosal despedazado
que la profundidad convirtió en archipiélago,
oh estrella natural, diadema verde,
sola en tu solitaria dinastía,
inalcanzable aún, evasiva, desierta
como una gota, como una uva, como el mar.


Los hombres

Como algo que sale del agua, algo desnudo, invicto,
párpado de platino, crepitación de sal,
alga, pez tembloroso, espada viva,
yo, fuera de los otros, me separo
de la isla separada, me voy
envuelto en luz
y si bien pertenezco a los rebaños,
a los que entran y salen en manadas,
al turismo igualitario, a la prole,
confieso mi tenaz adherencia al terreno
solicitado por la aurora de Oceanía.



Los hombres

Volvemos apresurados a esperar nombramientos,
exasperantes publicaciones, discusiones amargas,
fermentos, guerras, enfermedades, música
que nos ataca y nos golpea sin tregua,
entramos a nuestros batallones de nuevo,
aunque todos se unían para declararnos muertos:
aquí estamos otra vez con nuestra falsa sonrisa,
dijimos, exasperados ante el posible olvido,
mientras allá en la isla sin palmeras,
allá donde se recortan las narices de piedra
como triángulos trazados a pleno cielo y sal,
allí, en el minúsculo ombligo de los mares,
dejamos olvidada la última pureza,
el espacio, el asombro de aquellas compañías
que levantan su piedra desnuda, su verdad,
sin que nadie se atreva a amarlas, a convivir con ellas,
y ésa es mi cobardía, aquí doy testimonio:
no, me sentí capaz sino de transitorios
edificios, y en esta capital sin paredes
hecha de luz, de sal, de piedra y pensamiento,
como todos miré y abandoné asustado
la limpia claridad de la mitología,
las estatuas rodeadas por el silencio azul.



La isla

De otros lugares (Ceilán, Orinoco, Valdivia)
salí con lianas, con esponjas, con hilos
de la fecundidad, con las enredaderas
y las negras raíces de la humedad terrestre:
de ti, rosa del mar, piedra absoluta,
salgo limpio, vertiendo la claridad del viento;
revivo azul, metálico, evidente.



Los hombres

Yo, de los bosques, de los ferrocarriles en invierno,
yo, conservador de aquel invierno,
del barro
en una calle agobiada, miserable,
yo, poeta oscuro, recibí el beso de piedra en mi frente
y se purificaron mis congojas.



La isla

Amor, amor, oh separada mía
por tantas veces mar como nieve y distancia,
mínima y misteriosa, rodeada
de eternidad, agradezco
no solo tu mirada de doncella,
tu blancura escondida, rosa secreta, sino
el resplandor moral de tus estatuas,
la paz abandonada que impusiste en mis manos:
el día detenido en tu garganta.



Los hombres

Porque si coincidiéramos allí
como los elefantes moribundos
dispuestos al oxígeno total,
si armados los satisfechos y los hambrientos,
los árabes y los bretones, los de Tehuantepec
y los de Hamburgo, los duros de Chicago y los senegaleses,
todos, si comprendiéramos que allí guardan las llaves
de la respiración, del equilibrio
basados en la verdad de la piedra y del viento,
si así fuera y corrieran las razas despoblándose
las naciones,
si navegáramos en tropel hacia la Isla,
si todos fueran sabios de golpe y acudiéramos
a Rapa Nui, la mataríamos,
la mataríamos con inmensas pisadas, con dialectos,
escupos, batallas, religiones,
y allí también se acabaría el aire,
caerían al suelo las estatuas,
se harían palos sucios las narices de piedra
y rodo moriría amargamente.



La isla

Adiós, adiós, isla secreta, rosa
de purificación, ombligo de oro:
volvemos unos y otros a las obligaciones
de nuestras enlutadas profesiones y oficios.

Adiós, que el gran océano te guarde
lejos de nuestra estéril aspereza!
Ha llegado la hora de odiar la soledad:
esconde, isla, las llaves antiguas
bajo los esqueletos
que nos reprocharán hasta que sean polvo
en sus cuevas de piedra
nuestra invasión inútil.

Regresamos. Y este adiós, prodigado y perdido
es uno más, un adiós
sin más solemnidad que la que allí se queda:
la indiferencia inmóvil en el centro del mar:
cien miradas de piedra que miran hacia adentro
y hacia la eternidad del horizonte.


 

INCITACIÓN AL NIXONICIDIO Y ALABANZA DE LA REVOLUCIÓN CHILENA



Incitación al nixonicidio y alabanza
de la revolución chilena
[1972-1973]



Comienzo por invocar a Walt Whitman


Es por acción de amor a mí país
que te reclamo, hermano necesario,
viejo Walt Whitman de la mano gris,

pata que con tu apoyo extraordinario
verso a verso matemos de raíz
a Nixon, presidente sanguinario,

Sobre la tierra no hay hombre feliz,
nadie trabaja bien en el planeta
si en Washington respira su nariz.

Pidiendo al viejo Bardo que me invista,
asumo mis deberes de poeta
armado del soneto terrorista,

porque debo dictar sin pena alguna
la sentencia hasta ahora nunca vista
de fusilar a un criminal ardiente

que a pesar de sus viajes a la luna
ha matado en la tierra tanta gente,
que huye el papel y la pluma se arranca

al escribir el nombre del malvado,
del genocida de la Casa Blanca.



Me despido de otros temas


Amor, adiós, hasta mañana besos!
Corazón mío agárrate al deber
porque declaro abierto este proceso.

Se trata aquí de ser o de no ser:
si dejamos vivir al delincuente
los pueblos seguirán su padecer

y el crimen seguirá de Presidente
robando a Chile el cobre en las Aduanas,
destripando en Vietnam los inocentes.

No se puede esperar una semana
ni un solo día más porque, carajo,
es por atrocidades inhumanas

que atraparemos este escarabajo
y es un orgullo para el hombre entero
que soportó el puñal de la noticia,

como instrumento duro y duradero
anunciar en la tierra la justicia:
por eso te buscaba, compañero,

el tribunal de sangre que se inicia
y, aunque sea un poeta el justiciero,
los pueblos me entregaron una rosa

para que con mi verso verdadero,
yo castigue la saña poderosa
del inmenso verdugo comandado

por el concubinato del dinero
para quemar jardín y jardinero
en países remotos y dorados.


La canción del castigo

No hay que contar con su arrepentimiento,
ni hay que esperar del cielo este trabajo:

el que trajo a la tierra este tormento
debe encontrar sus jueces aquí abajo,
por la justicia y por el escarmiento.

No lo aniquilaremos por venganza
sino por lo que canto y lo que infundo:
mi razón es la paz y la esperanza.

Nuestros amores son de todo el mundo.

Y el insecto voraz no se suicida
sino que enrosca y clava su veneno

hasta que con canción insecticida,
levantando en el aiba mi tintero,

llame a todos los hombres a borrar
al Jefe ensangrentado y embustero,
que mandó por el cielo y por el mar

que no vivieran más pueblos enteros,
pueblos de amor y de sabiduría
que en aquel otro extremo del planeta,

en Vietnam, en lejanas alquerías,
junto al arroz, en blancas bicicletas
fundaban el amor y la alegría:

pueblos que Nixon, el analfabeto,
ni siquiera de nombre conocía
y que mandó matar con un decreto

el lejano chacal indiferente.


Él


Al criminal emplazo y lo someto
a ser juzgado por la pobre gente,

por los muertos de ayer, por los quemados,
por los que ya sin habla y sin secreto,
ciegos, desnudos, heridos, mutilados,

quieren juzgarte, Nixon, sin decreto.


El juicio


Convocada por mí la tierra entera
que cabe, lo verás, en mi soneto,

dará el dictamen de la primavera,

frente a frente, mirando tu esqueleto,
para que nunca más madre ninguna

se desangre en las tierras arrasadas
cargando al sol, bajo la triste luna,
un niño que levanto como espada

frente al cuello de Nixon, camarada.


El cobre


Al cobre lo llamábamos chileno
porque nacía de chilenas manos
y nuestro territorio estaba lleno

del subterráneo sol cordillerano,
del cobre que no estaba destinado
a los piratas norteamericanos.

Hasta que yankizado hasta el ombligo
el presidente Frei, momiocristiano,
regaló nuestro cobre al enemigo.

Pero mi pobre Patria intransigente
esperó entre el saqueo y las escorias,
entre Chuquicamata y El Teniente,

la hora de despertar, y se comprende
que, con el pabellón de la victoria,
dé un solo golpe Salvador Allende

de los colmillos norteamericanos
rescató el cobre, para siempre ahora,
devolviéndolo a Chile soberano.


Victoria


Honor a la victoria apetecida,
honor al pueblo que llegó a la hora
a establecer su derecho a la vida!

Pero el ratón acostumbrado al queso,
Nixon, entristecido de perder,
se despidió de Eduardo con un beso.

Cambió de embajador, cambió de espías
y decidió cercarnos con alambre:
no nos vendieron más mercaderías

para que Chile se muriera de hambre.

Cuando la Braden les movió la cola
los momios ayudaron la tarea

gritando «Libertad y cacerolas»,
mientras que los parrones victimarios
pintaban de bondad sus caras feas

y disfrazándose de proletarios
decretaban la huelga de señores
recibiendo de Nixon los dineros:

treinta monedas para los traidores.



La herencia


Así Nixon comanda con napalm:
así destruye razas y naciones:
así gobierna el triste Tío Sam;

con asesinos desde sus aviones,
o con dólares verdes que reparte
entre politijarpas y ladrones.

Chile, te colocó la geografía
entre el océano y la primavera,
entre la nieve y la soberanía

y ha costado la sangre de la gente
luchar por el decoro. Y la alegría
era delito en tiempo precedente.

Recuerdan las masacres miserables?
Nos dejaron la patria malherida
a golpes de prisiones y de sables!


A ti te llamo


Esto heredamos de los anteriores
y hoy que el rostro de Chile se agiganta,
cuando echamos atrás tantos dolores,

te necesito, mi joven hermano,
joven hermana, escucha lo que digo:
yo no creo en los odios inhumanos,

y no creo que el hombre es enemigo:
creo que con tu mano y con mi mano,
frente al malvado y contra sus castigos,

llenaremos la Patria de regalos
sabrosos y dorados como el trigo.


Regresa el trovador


Por eso estoy aquí en tu compañía.

De vuelta estoy como un enamorado
tocando el sol, el aire, el mar chileno
sufriendo de partir y haber llegado.

Siempre mi corazón estuvo lleno
como una copa de fulgor dorado
de Chile, de su cántico sereno.

Nunca mi Patria de dulzura y nieve
fue para mí substancia pasajera.
O fue terrible herida en mis entrañas

o luna derramada en la pradera.
Yo puse mi raíz en tus montañas
y florecí sobre las cordilleras.

(Yo nunca estoy afuera en tierra extraña
porque mi poesía es tricolor

y vivo todo el año en tu bandera.)

Por eso Patria blanca y estrellada,
Patria roja y azul, Patria primor,
Patria chilena, Patria delicada,

yo escuché desde lejos tu tambor.

Y me acerqué intranquilo a tu morada.

Quedé sobrecogido de dolor!


Son los de ayer


Miré que lo que el pueblo construía
después de tantos años de tormento:
la bandera de tu soberanía

por fin con sus colores en el viento,
era atacada por la turbulencia
del anacrónico establecimiento

y que te amenazaba la demencia
de los feudales y de los violentos;
el pasado con negra consecuencia

quiere otra vez tu sangre derramada.
Y la guerra civil es sacerdocio
para los que no hicieron nunca nada

sino vivir de incógnitos negocios.

Amo la paz por variadas razones:
una es porque el canto del trabajo
se une al color solar de los limones.

Y porque los programas populares
producirán tractores y cerezos:

todo lo hace el amor y los amores
del pueblo en su batalla y su proceso.


Aquí me quedo


Yo no quiero la Patria dividida
ni por siete cuchillos desangrada:
quiero la luz de Chile enarbolada
sobre la nueva casa construida:

cabemos todos en la tierra mía.

Y que los que se creen prisioneros
se vayan lejos con su melodía:

siempre los ricos fueron extranjeros.

Que se vayan a Miami con sus tías!

Yo me quedo a cantar con los obreros
en esta nueva historia y geografía.


Ven conmigo


Por esto estoy aquí en tu compañía:
por Chile, por su azul soberanía,

por el océano de los pescadores,

por el pan de los niños ruiseñores,
por el cobre y la lucha en la oficina,

por nuestra agricultura y por la harina,
por el buen compañero y por la amiga,

por el mar, por la rosa y por la espiga,
por nuestros compatriotas olvidados,

estudiantes, marinos o soldados,
por los pueblos de todos los países,

por las campanas y por las raíces,
por los caminos y por los senderos
que llevan a la luz al mundo entero

y por la voluntad liberadora
de las banderas rojas en la aurora.

Con esta unión están mis alegrías.

Lucha conmigo y yo te entregaré
todas las armas de mi poesía.


una historia vulgar


Doña Cacerolina Lagañín,
encumbrada en el trono de su plata,
estuvo a punto de llorar por fin,

y casi a punto de estirar la pata,
al saber que es posible gobernar
a Chile por el pueblo popular.

Para Cacerolina un maremoto
no le daría tanto descontento.
Esto de ver por todas partes rotos

le causaba un horrible sufrimiento:
«Aquel siútico es más que suficiente».
«Después de todo es él nuestro sirviente

y al procer Viaus: salvó con su dulzura.»
«El servirá de cepillo de dientes,
lo echaremos después a la basura. »

Ahora lo importante es lo que pasa,
dijo Cacerolina Lagañín
y armada de una sartén salió de casa,

dispuesta a convertirlo en un violín
para pelear «contra rotos groseros
que son en Chile rotos extranjeros».

Doña Cacerolina, bien nutrida,
tuvo un pequeño asomo de desmayo
cuando encontró en la calle solo viejas

que como ella sonaban sus sartenes.
Luego entre mil suspiros y sostenes
volvió a su poderío y su jardín,

doña Cacerolina Lagañín

dejó a cursis dernocratacrististas
peleando contra rotos comunistas
luego bailando el Vals Sobre las Olas

volvió a Las Condes con placer sincero

porque a la vuelta de las cacerolas,
pasó a los brazos de su jardinero
gastando bien su tiempo y su dinero.



Leyendo a Quevedo junto al mar


Viviendo entre el océano y Quevedo,
es decir entre graves desmesuras,
leyendo el mar y recorriendo el miedo

del poeta mortal en su lamento
comprendo la razón de mi amargura.

Porque mi corazón no está contento.

Chile es golpeado por la misma gente
que nos destinan al sometimiento
y amenazan con uñas y con dientes.

Los intereses son como ciclones,
rompen la tierra y todo lo que vive:
encallan en Vietnam las invasiones,

fracasan en la espuma del Caribe.


Una lección


Volviendo a Nixon vuelvo a ser dichoso:
porque juzgar delitos incesantes,
ordenados por un ignominioso,

es deber de un poeta caminante.

Hoy, desde Chile revolucionario,
volvamos a los dueños del erario,
retornemos al Jefe del dinero.


A verso limpio


Horademos a Nixon, el furioso,
a verso limpio y corazón certero.

Así pues, decidí que falleciera
Nixon, con un disparo justiciero:
puse tercetos en mi cartuchera.

Y por los tribunales venideros,
abriendo puertas, cruzando fronteras,
recluté hombres callados y severos,

caídos en sangrientas primaveras.


Retrato al hombre


Hay que juzgar las manos maculadas
por muertos que mató con su terror

y que bajo las tierras desolladas
surgen como semillas de dolor.

Porque ésta es una edad nunca soñada.

Y Nixon, el ratón acorralado,
con los ojos abiertos de temor

ve renacer banderas fusiladas.

Fue en Vietnam cada día derrotado.
En Cuba es derrotado su furor
y ahora en el crepúsculo aterrado,

quiere roer en Chile el roedor,
sin saber que minúsculos chilenos
le van a dar una lección de honor.


Paz, pero no la suya


¡Paz en Vietnam! Mira lo que has dejado
adentro de esa paz de sepultura
llena de muertos por ti calcinados!

Con un rayo de eterna quemadura
preguntarán por ti los enterrados.
Nixon, te encontraran las manos duras

de la revolución sobre la tierra
para humillar tu pálida figura:

será Vietnam que te ganó la guerra.

Nixon no creo en tu vencida paz!
Tu invasión fue diezmada y fue vencida
cuando ya no podías perder más.

Y cuando tus aviones homicidas
caían como moscas abatidas
por los disparos de la libertad!

Esta no fue tu paz, Nixon sangriento!
Nixon, sanguinolento presidente:
es tu medalla de remordimiento!

Es la paz de los pueblos inocentes
que tú entregaste al fuego y al tormento!
Es de Vietnam la paz desfigurada

por tus embajadores y papeles.
Es la paz de una tierra desangrada
y que ha llenado al mundo de laureles

brotados de la sangre derramada:

Es la victoria de Ho Chi Minh ausente
la que obligó a tu mano ensangrentada

a confirmar la paz de esos valientes.


Cuba, siempre


Pienso también en Cuba venerada,
la que alzó su cabeza independiente
con el Che, con mi insigne camarada,
que con Fidel, el capitán valiente

y contra retamares y gusanos
levantaron la estrella del Caribe
en nuestro firmamento americano.

Notifico que son los adversarios
De Vietnam, esos mismos «caballeros»
seguidos de cubanos mercenarios,

armados de metrallas y dinero,
los que contra tu viento libertario
invadieron la nueva claridad.

Y allí quedaron muertos o atrapados
los que iban a matar tu libertad.

Ay Nixon donde vas y te presentes
Cuba no da cuartel ni caridad!

Cuba y Vietnam son nuestros precedentes
contra las agresiones de esta edad!

(Chile defenderá con sus valientes
como aquellos dos pueblos insurgentes
su revolucionaria dignidad.)


Sobre conspiraciones


Entre la Kennecott y las batallas
que dentro de mi Patria van urdiendo
contra el pueblo anacrónicos canallas,

Chile va, traspasado y sacudido,
sobre la turbulencia, construyendo
lo que nunca le fuera permitido:

trabajar y vivir sin desaliento
para que en Chile manden los humanos
y se cubra de frutos populares

el territorio antártico y lejano

y den las viñas de su geografía
el vino del amor y la alegría!


Duelo de Chile


Hora terrible! Aquel mejor soldado
cayó en la arena de la Capital
y sabe el mundo que fue asesinado:

su asesino se dice «nacional».
Un traidor, ahora encarcelado
director del asalto criminal,

dijo que un presidente despechado
dio la luz verde al crimen espantoso.
El Mandatario aquel está callado

como si no escuchara en su reposo
el clamor que recuerda a los malvados,
el acontecimiento vergonzoso.

(Ahora el Mandatario destronado
es el aliado de los poderosos
y su oscuro silencio ha continuado.)

Schneider sigue siendo traicionado

y la conspiración que continúa
cuenta con los injustos magistrados
por cuyas manos la injusticia actúa.


Que no, que nunca


No entrará en esta casa con puñal
el sobrino del tío senador
a asesinarnos otro general.

Ningún demente mate tu esplendor
y nos lleve a la guerra despiadada:
a la noche del duelo y del terror.

No me muestres la sangre en tu morada.
Dame tu resplandor de catarata,
luz longitudinal, patria nevada.

El incendiario no re hará ceniza,
y no se macarán entre chilenos,
Patria mía celeste y movediza-

Fuera de aquí la hiena y el escualo!

Que no maten los malos a los buenos,
ni tampoco los buenos a los malos.

Soy un poeta sin ningún precepto
pero digo, sin lástima y sin pena:

no hay asesino bueno en mi concepto.


L. E. R.


El furioso que agache su estatura
bajo la luna, en la pampa de plata,
Patria que Recabarren transfigura

enseñando verdades y caminos
que ayer se abrieron en la tierra oscura
y hoy son la condición de su destino,


Contra la muerte


A la guerra civil como condena
nos conduce el amargo forajido.
El desplazado de la boca liena

quiere quitar a otros la comida,
y otro que con su herida se envenena
reparte los venenos de su herida.

A la guerra civil de los contrarios
quieren llevarnos garras fratricidas,
sin saber que chilenos adversarios

siempre amaron las leyes de la vida.
Y no triunfa el más noble ni el más fuerte
desangrando la tierra preferida

y cambiando la vida por la muerte.

La tierra que nos dio las alegrías,
la que nos enseñó el padecimiento
florecerá con todos algún día:

no neguemos la luz al descontento.
Que cada hombre lleva en su porfía
lo mejor de su ciencia y su momento.


Nunca


Solo el que mata es la categoría
que dejo fuera de mí sentimiento.
No llevemos la Patria a la agonía

condenada a la sangre y al lamento.

Y contra eso está mi poesía
que va por todas partes, como el viento.


El gran silencio


Es tarde ya. Se han ido los malvados.
Schneider, desangrado y malherido,
ha muerto, el crimen está consumado.

Un gran silencio cubre nuestras vidas:
El estupor de un pueblo deshonrado,
el clamor de la Patria estremecida.

Cien hombres contra un solo soldado:
fueron cien los cobardes forajidos
contra mi general asesinado,

El espionaje norteamericano
ordenó a un renegado y sus hampones.
Y Caín otra vez mató a su hermano.

Sangre, dolor, coronas y crespones!

En el alma de Chile sepultado,
despedido por nuestros corazones,
quedó mi general asesinado.


Es triste


Desde entonces un río nos divide:
agua sangrienta, barro de marismas!
No hay nadie en esta tierra que lo olvide.

Desde entonces la Patria no es la misma.


Mi general, adiós


Desde entonces tu sangre ha separado
dos zonas hasta ahora divididas:
el rencor que amenaza por un lado

y el pueblo que acompaña tus heridas.

Y hasta ahora tu estirpe de soldado
cerca de Allende, claro presidente,

defiende al pueblo y a su nuevo Estado

(como si aún tu mano militante,
aún después de ser martirizado,
cumpliera su deber de comandante).

Adiós, mi general asesinado!

Vivirá tu recuerdo de diamante
en lo más alto de la cordillera.

La Patria va contigo en cada instante
por el camino de la primavera.


Mar y amor de Quevedo


Aquí en mi casa de Isla Negra leo
en el mar y en el verso favorito,
en la palpitación y el centelleo

del mar amargo y del amor maldito,
la misma espuma de la poesía:
el mar que se ilumina en la ruptura

y yo leyendo con melancolía,
a Quevedo, su amor y desventura.

Tal vez es mi destino diferente:
mi pecho militar de combatiente
me inclinó a las guerrillas del Estado:

a conseguir con la paciencia ardiente
de la verdad y del proletariado

el Estatuto de la pobre gente.


La victoria


Y así llegué con Allende a la arena:
al enigma de un orden insurgente,
a la legal revolución chilena

que es una roja rosa pluralista.

Y fue con mi Partido Comunista
(bello como un desfile proletario)
cuando en el mundo un día sobrevino

este camino revolucionario.

Hacia los pueblos alzo nuestro vino
con la copa a la altura del destino.


4 de septiembre de 1970


Un recuerdo: por fin hay unidad!
Viva Chile, Aleluya y Alegría.
Viva el cobre y el vino y el nitrato.

Que vivan la unidad y la porfía!
Sí, señor. Tiene Chile candidato.
Costó trabajo era una fantasía.
hasta que hoy la lucha se comprende,

Marchar, marchar como la luz del día.

El presidente es Salvador Allende.

Toda victoria es un escalofrío,
porque si gana el pueblo hay una racha
que entra por el testuz del envidioso.

(Uno sube y el otro a su covacha
baja huyendo del tiempo y de la historia.)

Mientras que Allende sube a la victoria
se van los Baítras como cucarachas.


Desde aquel día


Desde aquel día el mundo, al despertar,
encontró a Chile y su fisonomía
alzando la victoria popular

y en el coro mundial de la alegría
cantaron nuestra tierra y nuestro mar.

Fue por aquellos días que un poeta
provinciano, salido de Parral,
en Estocolmo recibió un cometa

de las manos de un rey profesional.
Y así el nombre de Chile saludado
fue por ciudades, minas, sementeras,

como un laurel del pueblo conquistado
durante lucha larga y vida entera.

(Yo agregué a Chile y a su geografía
el canto de mi vida pasajera
con el torrente de mi poesía.)


Reviven los gusanos


Luego llegó la dura condición
y los gusanos en su rebelión
en el estiércol de la oposición

rodearon a sus turbios candidatos
de mentidores y de mentecatos,
de lenguaraces y de asesinatos,

descubriendo una táctica «imprevista»:
«En Chile hay un peligro comunista! ».

E intercambiando besos espantosos
momiocristianos y momios furiosos:

con la publicidad y la pistola,
contra Allende y el pueblo congregado,

llevan la sedición ola por ola
momios tibios y momios congelados.


Diario de loros


Y desde Nueva York el dirigente
es el Gerente de la Pepsicola

(que ése sí se portó como un valiente:
se arrancó con su piara y con su cola).

Instruye desde allá sus carcamales.
Pontifica El Mercurio cada día:
Nixon le dicta los editoriales.

Es un diario «chileno» Mama mía!
Ay qué cinismo, qué melancolía
la de estos loros de pajarería!


Paro pasional


Detrás de la I. T. T. con sus puñales
y los enredos de su felonía
brotan los Pillarines criminales

y otros mondongos de la oligarquía:
falsos adelantados sindicales,
médicos de curiosos delantales,

camioneros de pronto enriquecidos,
Colegios de Abogados Presumidos
querían aprender los viejos vicios
de nuestros elegantes meretricios.

(Los oligarcas por sus propios fines
quieren usar para sus píes patricios
o clase media o ciase calcetines.)

Y con Níxon de fondo principal
se lanzaron al Paro Patronal

bien cebados dispuestos a que ayune
el que no es del Partido Nacional.

El hambre de los otros los reúne
y Fuentealba les vende su puñal.

Así por la I. T. T. desenfrenados
sembraron el terror organizado;
padres y tíos de un Negro Mercado
oscuro como todos sus pecados.

Contra la Patria se lanzaron codos
huelga de burros, huelga de rollizos,
huelga de playboys advenedizos,

huelga de banquerizos principales,
enchufados en los Bancos Centrales,
y pálidos idiotas de rehenes

con dueños de los grandes almacenes:
escondieron sardinas y cebollas,
aceite, harina, cigarrillos, ollas

para dejar sin pan sin luz sin nada
al pueblo y a la patria apuñalada.


Locos y locuelos


Pee y Punto Final, que marchan, juntos
como va el explosivo con la mecha
y se confunden en un mismo punto
ultras de izquierdas y ultras de derecha,
duros de la derecha y de la izquierda,

trabajan juntos en la misma brecha
para que la victoria conseguida
por un pueblo que lucha y que recuerda
(el cobre, el pueblo, la paz y la vida),

todo lo manden ellos a la mierda.

Y así están juntos en el mismo cielo
los locos de derecha y los locuelos.



Yo no me calió


Perdone el ciudadano esperanzado
mi recuento de acciones miserables
que levantan los hombres del pasado.

Yo predico un amor inexorable.

Y no me importa perro ni persona:
solo el pueblo es en mí considerable:
solo (a Patria a mí me condiciona.

Pueblo y Patria manejan mi cuidado:
Patria y pueblo destinan mis deberes
y si logran matar lo levantado

por el pueblo, es mi Patria la que muere.

Es ese mi temor y mi agonía.

Por eso en el combare nadie espere
que se quede sin voz mi poesía,



Siempre advirtiendo


Pueblo, en el intranquilo vendaval
cierra los puños y rechaza el mal.

Todas las noches aullarán las hienas
manchando la revolución chilena.

Todos los días quiere el adversario
borrar el fuego revolucionario

y dividir las armas unitarias
de la victoria revolucionaria.

Y quieren los amargos desplazados
enterrar los laureles conquistados,



Otra vez advirtiendo


Traigo aquí un señal de una emergencia,
toco a rebato al pueblo vencedor.

Hay que juntar la fuerza y la conciencia:

Chile es una batalla de existencia:
batalla del honor y del amor.



Con la centella


Pueblos, mirad el horizonte claro
y con nosotros al joven Lautaro.

Pueblos, el inundo nuestra llama sigue
y con nosotros va Manuel Rodríguez.

Pueblo, no volveremos al pasado
porque va Balmaceda a nuestro lado.

Venceremos! El pueblo es soberano
y su mano decide la centella
en la defensa del género humano:

En la noche del mundo nuestra estrella,
la veneran los pueblos más lejanos!


Mi compañero Ercilla


Comencé con Walt Whitman, viejo hermano
del antiguo esplendor americano.

Vino Walt Whitman y me dio la mano.

Ahora llamo a un noble compañero:
entre todos y todo fue el primero
don Alonso de Ercilla, el duradero.

Lo llamo a la batalla y la esperanza,
a la Revolución y a mi Alabanza
y termino con él en compañía,

cantando a coro y a plena alegría;
la misma antigua lucha esplendorosa

viene del fondo de la Araucanía
y nuestra poesía no reposa.


Habla don Alonso


«CHILE, FÉRTIL PROVINCIA Y SEÑALADA
EN LA REGIÓN ANTARTICA FAMOSA,
DE REMOTAS NACIONES RESPETADA
POR FUERTE, PRINCIPAL Y PODEROSA.
LA GENTE QUE PRODUCE ES TAN GRANADA,
TAN SOBERBIA, GALLARDA Y BELICOSA,
QUE NO HA SIDO POR REY JAMÁS REGIDA,
NI A EXTRANJERO DOMINIO SOMETIDA.»


Juntos hablamos


Junto a los Andes una llamarada
y desde el mar una encendida rosa
CHILE, FÉRTIL PROVINCIA Y SEÑALADA.

Hoy fulgura en la noche luminosa
de América, tu estrella colorada
EN LA REGIÓN ANTARTICA FAMOSA.

Y así, por fin, tu estrella liberada
emergió de la sombra silenciosa,
DE REMOTAS NACIONES RESPETADA,

El mundo divisó la llamarada
y en tu honor repitió la voz gloriosa:
LA GENTE QUE PRODUCE ES TAN GRANADA:

tan unida, tan ciara y valerosa,
la Unidad Popular es tan florida,
TAN SOBERBIA, GALLARDA Y BELICOSA,

que en esta lucha jugará su vida
contra las turbias bandas sediciosas.

La estirpe popular esclarecida
es como ayer fecunda y orgullosa
Y NO HA SIDO POR REY JAMÁS REGIDA.

Y aunque sea atacada y agredida
Chile, mi Patria no será vencida
NI A EXTRANJERO DOMINIO SOMETIDA.

FIN

Isla Negra, enero 1973

2000

[1971]


Las máscaras

Piedad para estos siglos y sus sobrevivientes
alegres o maltrechos, lo que no hicimos
fue por culpa de nadie, faltó acero:
lo gastamos en tanta inútil destrucción,
no importa en el balance nada de esto:
los años padecieron de pústulas y guerras,
años desfallecientes cuando tembló la esperanza
en el fondo de las botellas enemigas.
Muy bien, habláramos alguna vez, algunas veces,
con una golondrina para que nadie escuche:
tengo vergüenza, tenemos el pudor de los viudos:
se murió la verdad y se pudrió co. tantas fosas:
es mejor recordar lo que víi a suceder:
en este año nupcial no hay derrotados:
pongámonos cada uno máscaras victoriosas.


Las invenciones

¿Ves este pequeño objeto trisilábico?
Es un cilindro subalterno de la felicidad
y manejado, ahora, por organismos coherentes
desde control remoto, estoy, estad seguros,
de una eficacia tan resplandeciente
que maduran las uvas a su presión ignota
y el trigo a pleno campo se convierte en pan,
las yeguas dan a luz caballos bermellones
que galopan el aire sin previo aviso,
grandes industrias sé mueven como escolopendras
dejando ruedas y relojes en los sirios inhabitados.

Señores, adquirid mi producto terciario
sin mezcla de algodón ni de sustancias lacreas:
os concedo un botón para cambiar el mundo:
adquirid el trifásico antes de arrepentirme!


Las espigas

El sin cesar ha terminado en flores,
en largo tiempo que extiende su camino
en cinta, en la novedad del aire,
y si por fin hallamos bajo el polvo
el mecanismo del próximo futuro
simplemente reconozcamos la alegría
así como se presenta! Como una espiga más,
de tal manera que el olvido contribuya
a la claridad verdadera que sin duda no existe.


La tierra

Amarillo, amarillo sigue siendo
el perro que detrás del otoño circula
haciendo entre las hojas circunferencias de oro,
ladrando hacia los días desconocidos.

Así veréis lo imprevisto de ciertas situaciones:
junto al explorador de las terribles fronteras
que abren el infinito, he aquí el predilecto,
el animal perdido del otoño,
Qué puede cambiar de tierra a tiempo, de sabor a estribor,
de luz velocidad a circunstancia terrestre?
Quién adivinará la semilla en la sombra
si como cabelleras las mismas arboledas
dejan caer rocío sobre las mismas herraduras,
sobre las cabezas que reúne el amor,
sobre las cenizas de corazones muertos?

Este mismo planeta, la alfombra de mil años,
puede florecer pero no acepta la muerte ni el reposo:
las cíclicas cerraduras de la fertilidad
se abren en cada primavera para las llaves del sol
y resuenan los frutos haciéndose cascada,
sube y baja el fulgor de la tierra, a la boca
y el humano agradece la bondad de su reino.

Alabada sea la vieja tierra color de excremento,
sus cavidades, sus ovarios sacrosantos,
las bodegas de la sabiduría que encerraron
cobre, petróleo, imanes, ferreterías, pureza,
el relámpago que parecía bajar desde el infierno
fue atesorado por la antigua madre de las raíces
y cada día salió el pan a saludarnos
sin importarle la sangre y la muerte que vestimos los hombres,
la maldita progenie que hace la luz del mundo.


Los invitados

Y nosotros los muertos, los escalonados en el tiempo,
sembrados en cementerios utilitarios y arrogantes
o caídos en hueseras de pobres bolivianos,
nosotros, los muertos de 1925, 26,
33, 1940, 1918, mil novecientos cinco,
mil novecientos mil, en fin, nosotros,
los fallecidos antes de esta estúpida cifra
en que ya no vivimos, qué pasa con nosotros?

Yo, Pedro Páramo, Pedro Semilla, Pedro Nadie,
es que no tuve derecho a cuatro números y a la resurrección?
Yo quiero ver a los resurrectos para escupirles la cara,
a los adelantados que están a punto de caer
en aviones, ferrocarriles, en las guerras del odio,
los que apenas tuvieron tiempo de nacer y presentar
armas al nuevo siglo y quedarán tronchados,
pudriéndose en la mirad de los festejos y del vino!

Quiero salir de mi tumba, yo muerto, por qué no?
Por qué los prematuros van a ser olvidados?
Todos son invitados al convite!

Es un año más, es un siglo más, con muertos y vivos,
y hay que cuidar el protocolo, poner no solo la vida,
sino las flores secas, las coronas podridas, el silencio,
porque el silencio tiene derecho a la hermosura
y nosotros, diputados de la muerte,
queremos existir un solo mínuro florido
cuando se abran las puertas del honor venidero!


Los hombres

Yo soy Ramón González Barbagelata, de cualquier parte,
de Cucuv, de Paraná, de Río Turbio, de Oruro,
de Maracaíbo, de Parral, de Ovalle, de Loncomilla,
tanto da, soy el pobre diablo del pobre Tercer Mundo,
el pasajero de tercera instalado. ¡Jesús!

He llegado a este mentado año 2.000, y qué saco,
con qué me rasco, qué tengo yo que ver
con los tres ceros que se ostentan gloriosos
sobre mí propio cero, sobre mi inexistencia?
Ay de aquel corazón que esperó su bandera
o del hombre enramado por el amor más tierno,
hoy no queda sino mi vago esqueleto,
mis ojos desquiciados trence al tiempo inicial.

Tiempo inicial: son estos barracones perdidos,
estas pobres escuelas, éstos aun harapos,
esta inseguridad terrosa de mis pobres familias,
¿ésto es el día, el siglo inicial, la puerta de oro?

Yo, por lo menos, sin hablar de más, vamos, callado
como fui en la oficina, remendado y absorto,
proclamo lo superfino de la inauguración:
aquí llegué con todo lo que anduvo conmigo,
la mala suerte y los peores empleos,
la miseria esperando siempre de par en par,
la movilización de la gente hacinada
y la geografía numerosa del hambre.


Los otros hombres

En cambio yo, pecador pescador,
ex vanguardero ya pasado de moda,
de aquellos años muertos y remotos
hoy estoy a la entrada del milenio,
anarcopitalista furibundo,
dispuesto a dos carrillos a morder
la manzana del mundo.
Edad más floreciente ni Florencia
conoció, más florida que Florida,
más Paraíso que Valparaíso.
Yo respiro a mis anchas
en el jardín bancario de este siglo
que es por fin una gran cuenta corriente
en que por suerte soy acreedor.
Gracias a la inversión y subversión
haremos más higiénica esta edad,
ninguna guerra colonial tendrá este nombre
tan desacreditado y repetido,
la democracia pulverizadora
se hará cargo del nuevo diccionario:
es bello este zoo igual al 1000:
los tres ceros iguales nos resguardan
de tuda insurrección innecesaria.


Los materiales

El mundo se llenó de sin embargos,
de infundados temores y dolor,
pero hay que reconocer que sobre el pan salobre
o junto a tal o cual iniquidad
los vegetales, cuando no fueron quemados,
siguieron floreciendo y repartiendo
y continuaron su trabajo verde.

No hay duda que la cierra
entregó a duras penas otras cosas
de su baúl que parecía eterno:
muere el cobre, solloza el manganeso,
el petróleo es un último estertor,
el hierro se despide del carbón,
el carbón ya cerró sus cavidades.

Ahora este siglo debe asesinar
con otras máquinas de guerra, vamos
a inaugurar la muerte de otro modo,
movilizar la sanare en otras naves.


Celebración

Pongámonos los zapatos, la camisa listada,
el traje azul aunque ya brillen los codos,
pongámonos los fuegos de bengala y de artificio,
pongámonos vino y cerveza entre el cuello.y los pies,
porque debidamente debemos celebrar
este número inmenso que costó tanto tiempo,
tantos años y días en paquetes,
tantas horas, tantos millones de minutos,
vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías resguardadas
y busquemos alguna novia perdida
que acepte una festiva dentellada.
Hoy es. Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz
del interrogativo milenio. El corazón, la almendra
de la época creciente, la uva definitiva
irá depositándose en nosotros,
y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje
acrecienta el comienzo de la edad:
rama por rama se cruzará el ramaje,
hoja por hoja subirán los días
y fruto a fruto llegará la paz:
el árbol de la dicha se prepara
desde la encarnizada raíz que sobrevive
buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana
preparado por mucha oscuridad:
no sabemos si es claro todavía
este mundo recién inaugurado:
lo aclararemos, lo oscureceremos
hasta que sea dorado y quemado
como los granos duros del maíz;
a cada uno, a los recién nacidos,
a los sobrevivientes, a los ciegos,
a los mudos, a los mancos y cojos,
para que vean y para que hablen,
para que sobrevivan y recorran,
para que agarren la futura fruta
del reino actual que dejamos abierto
tanto al explorador como a la reina,
tanto al interrogante cosmonauta
como al agricultor tradicional,
a las abejas que llegan ahora
para participar en la colmena
y sobre todo a los pueblos recientes,
a los pueblos crecientes desde ahora
con las nuevas banderas que nacieron
en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui
con algún año frío que se fue,
se fue conmigo y me llevó aquel año.

De estro no cabe duda. Mi osamenta
consistió, a veces, en palabras duras
como huesos al aire y a la lluvia,
y pude celebrar lo que sucede
dejando en vez de canto o testimonio
un porfiado esqueleto de palabras.

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